Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

recabar finanzas; y la ausencia absoluta de censura o de cualquier otro tipo de limitaciones. «La escuela de cuadros no es un local, pero cada local debe tender a ser una escuela de cuadros. El penal es un local más grande y con más compañeros; hagamos entonces de esta cárcel una gran escuela de cuadros […]», recuerda que dijo alguna vez en ese recinto un dirigente histórico del MLN. Sus palabras, que bien pudieron haber sido el punto de partida de esta historia, parecían cumplirse al pie de la letra. A pesar de la masiva fuga de 111 tupamaros en setiembre de 1971, dos meses después, cuando llegó a Punta Carretas Juan Baladán Gadea285, la situación aún permanecía inalterada: «Había toda clase de ensayos de economía, política, sociología y algunos de filosofía. De historia nacional estaban los mejores libros que circulaban en Uruguay en aquel tiempo», recuerda Baladán. Además de los infaltables clásicos marxistas, entre los libros más leídos figuraba Las venas abiertas de América latina, de Eduardo Galeano. Según Baladán, «la mayoría de los compañeros eran jóvenes que habían abandonado los estudios para dedicarse a la lucha clandestina, por este motivo la dirección interna propuso un plan de educación y fue así que se formaron grupos de estudio. Uno de estos grupos produjo un trabajo muy bueno en el cual se resumía la historia del Uruguay desde la colonia hasta el nacimiento del MLN. Circuló por bastante tiempo y llegó a leerse en Chile en 1973». El penal de Punta Carretas, desde décadas atrás, poseía una extensa biblioteca. Sin embargo, por razones de seguridad, los presos políticos no tenían acceso a ella. Hubo pues, según Baladán, que formar una «biblioteca» alternativa, más bien una colección de obras literarias que incluyó en su mayor parte novelas —casi todas de autores latinoamericanos, actualizada al ritmo del boom literario de esos años— y que en poesía reunió a Pablo Neruda, Antonio Machado, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Liber Falco y otros. Además, incluía creaciones de los propios presos: un cuaderno de poemas de Miguel Ángel Olivera y otro de Sergio Altesor, por ejemplo. El 14 de abril de 1972, los enfrentamientos armados dejaron un saldo de doce muertos entre guerrilleros y miembros de un escuadrón parapolicial —el autodenominado Escuadrón de la Muerte o Comando Caza Tupamaros—. Fue el comienzo de la derrota para la guerrilla y también el comienzo del fin de las óptimas condiciones carcelarias que hemos detallado. Siguiendo el relato de Baladán, 363

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx