Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

trabajo en Uruguay, con miras a la realización de probables planes de gobierno, fue otra de las tareas que Cámpora tuvo a su alcance. En sus recuerdos, Cámpora separa los libros de una biblioteca común —de los que al parecer nada supo y, según sus palabras, ni tiempo tuvo de saberlo — de aquellos que debió leer y estudiar intensamente para elaborar cursos y programas propios de una escuela de cuadros. No fueron muy distintas las vivencias de militantes de base. En todo caso, las variaciones fueron las propias de una cárcel donde las penas a cumplir eran relativamente cortas y el relevo de presos, permanente. En ese sentido, hubo distintas etapas, pautadas por el ritmo de los sucesos a nivel nacional. Para Miguel Ángel Olivera282, que estuvo confinado allí hacia 1970, lo central en Punta Carretas era la militancia «viva», «física», concreta, en la cual el libro tenía su lugar claro y obvio pero el «hacer» era lo central […]. Vivíamos al día con la información y los acontecimientos; los libros contribuían a la formación político-ideológica y, en menor grado al entretenimiento [...]. No había mucho tiempo para «entretenerse»: todo el tiempo estaba ocupado en cursos, discusiones, etc. […] Había una lista de libros de «lectura obligatoria» que incluía todos los clásicos marxistas y afines de todos los procesos revolucionarios mundiales; los ejemplares estaban al alcance nuestro, bien guardados pero enteros, sin necesidad de microescribirlos, solo microescribíamos nuestros propios documentos, tesis, propuestas de línea o de planes de acción, discusiones internas o polémicas orgánicas con el afuera […]. Había hasta paquetes enormes de boletines Xinhua de los chinos283, y de revistas políticas que circulaban de celda en celda, atados con piola y no eran requisados […]. Circulaban también varias «revistas» internas de un solo ejemplar (Recortes, Capucha Verde, Línea Bestia, etc.) que hacían los compañeros. Se estaba terminando Actas Tupamaras284 y se estaba redactando otro libro, La Violencia, partera de la Historia, con una síntesis de las revoluciones sociales del siglo XX. Era para publicar y hacer finanzas legales. Se concretó la grabación de un disco con cuatro canciones artiguistas, se hizo el grabado en papel para la carátula del libro de Sarandy Cabrera, Poeta pistola en mano (Montevideo: Tauro, 1970), yo terminé mi libro Canto sin rejas, etc. Lo que cuenta aún hoy de manera entusiasta Olivera parece haber sido la «edad de oro» de Punta Carretas: un despliegue pleno de la escuela de cuadros, con una bibliografía ilimitada y con el libro al servicio de la praxis político-ideológica; una producción de escritos de interpretación y contribución a la formación ideológica y producción paralela de textos literarios y de crónicas guerrilleras (Actas tupamaras) con destino a 362

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx