Konstantinov. Este manual, producido por la Academia de Ciencias de Rusia era muy popular en la Unión Soviética, solo que los cubanos le habían agregado una introducción a cargo de Gaspar Jorge García Gallo que proponía una lectura menos dogmática del marxismo (Comín, 1979, pp. 209-211). Más tarde, Comín visitó la isla de Pinos, antiguo sitio del Presidio Modelo ahora transformado en un complejo educacional formado por 41 escuelas secundarias a las que asistían 21 000 jóvenes. Allí tuvo la oportunidad y el tiempo para recorrer la biblioteca: En la biblioteca repaso estanterías y libros; como ya he apuntado constato la existencia masiva de los clásicos marxistas, versión Ediciones Progreso de Moscú. Hay también estanterías dedicadas a la historia de España, amén de los textos fundamentales de la Revolución cubana. Todas las secundarias reciben del Ministerio de Cultura lotes de libros, junto a los textos de consulta escolar; literatura, teoría marxista-leninista e historia ocupan lugares preferentes (Comín, 1979, p. 343). Este reporte confirma los relatos de los propios bibliotecarios. Además de la literatura de adoctrinamiento en la ideología marxista-leninista, las bibliotecas privilegian los manuales escolares, la literatura y la historia cubanas. Esto debido a que, al cerrarse las importaciones del mundo capitalista, Cuba debió producir sus propios libros. Las imprentas estatales privilegiaron la publicación de manuales rusos, así como de obras de autores cubanos. Para acompañar las políticas educativas de la Revolución, las editoriales oficiales centraron su atención en la publicación de libros de texto. Y aquí el autor encuentra un elemento algo alarmante: «la cuestión del manualismo». Los estudiantes, dice Comín, no leen obras originales; con los manuales y las explicaciones del profesor tienen suficiente (pp. 209-211). A MANERA DE CONCLUSIÓN: BIBLIOTECAS Y LECTURA EN LA CUBA SOCIALISTA Los líderes de la Revolución prometieron una verdadera revolución en materia de libros, lecturas y bibliotecas. La campaña de alfabetización (1961) fue un momento de transformación sin precedentes que modificó el panorama cultural en Cuba y generó una multitud de nuevos lectores, ávidos de acceso al mundo de las letras, la historia y el conocimiento en general. En apariencia, la Revolución extendió su impronta transformadora hacia el terreno de las bibliotecas. Muchas colecciones privadas fueron 347
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