Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

de bibliotecas públicas. Sostuvo que un país «será tanto más civilizado o ilustrado, cuando menos, mientras mayor sea el número de bibliotecas públicas que haya en él y mayor el número de libros de cada biblioteca» (Santos Pasapera, 1874, p. 461). Escribió que en el Perú solo existían dos bibliotecas públicas: la del colegio de San Carlos, en Trujillo, y la Nacional, en Lima. No obstante, la primera no funcionaba como tal aun cuando había sido creada como pública. En cuanto a la segunda, su diagnóstico fue desalentador. Santos Pasapera estimaba que la biblioteca pública ideal era aquella que contaba con «muchos y buenos libros» y a la que podía concurrir «todo el mundo»; un lugar donde hubiese comodidad para leer, es decir, con «luz suficiente, silencio, asiento mullido y recado de escribir para hacer apuntaciones». Si había todo esto, anotó, estaríamos frente a una buena biblioteca pública, en la que «el consiguiente aprovechamiento ya no depende sino de la voluntad de los individuos» (p. 462). Aunque no lo dijera explícitamente, es claro que el autor, al dibujar este cuadro, tenía en mente su experiencia como usuario de la Biblioteca Nacional y lo que ella debía ser para que calificara como un adecuado servicio público. «Hoy estamos como en el año 1822. Peor, pues, ni edificio tiene la Biblioteca. Se halla en obra hace mucho tiempo y continuará así indefinidamente», sentenció, y prosigue con su nada alentadora apreciación: «Doloroso es decirlo, pero es la verdad: no tenemos actualmente biblioteca pública en el Perú. Hay, es cierto, algunos volúmenes; pero, si no pueden ser leídos en el momento que se quiere, ¿para qué sirven? ¿Basta tener esperanzas de que algún día servirán? ¡Raro progreso!» (p. 463). Santos Pasapera señaló que a la Biblioteca Nacional había que dotarla de un catálogo, de un reglamento, de un sistema de inspecciones periódicas que garantizaran la conservación del establecimiento, de rentas y de libros. Dado que su proyecto proponía la creación de bibliotecas públicas en las capitales departamentales, con una visión muy moderna para su tiempo, era de la idea de que la Biblioteca Nacional funcionase como centro de formación de los futuros bibliotecarios que habrían de servir en el interior de la república: «Habiendo ya un edificio especialmente destinado para Biblioteca en esta ciudad, solo debe pensarse en que se abra al público, y en preparar los que han de servir para el mismo destino en los departamentos» (Santos Pasapera, 1874, p. 467). Las bibliotecas públicas, entre ellas la Nacional, como las concebía Santos Pasapera, debían ser instituciones al servicio del conjunto de la 34

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx