una institución al servicio de la formación de individuos pensantes y críticos, como un centro de información de consulta abierta a todos. Dijo entonces: Nosotros no tenemos que verlas como un lugar donde se guardan los libros, sino desde un punto de vista mucho más amplio y dinámico. Es preciso valorarlas como lo que realmente son: como vehículos de las ideas. A ellas corresponde el proporcionar libros a todo el mundo y nada puede haber más importante, ya que eso equivale a que todo el mundo piense por sí mismo y con conocimiento de causa (Freyre de Andrade, 1964, p. 2). A diferencia de las bibliotecas capitalistas, las bibliotecas de un país socialista debían estar al servicio de la masa de trabajadores y servir a su cohesión como comunidad de ideas. En su discurso, Freyre de Andrade citó a Lenin, un «lector infatigable» que predijo que, en el futuro, las bibliotecas tendrían un papel principal en la difusión de la cultura, en el cuidado de los testimonios del pasado y en la construcción de la sociedad socialista. Por ello, siguiendo el pensamiento de Lenin, ella propuso que la BNC esté al servicio de la construcción del socialismo, además de servir como repositorio del acervo cultural de la nación cubana. Si esto era así, era preciso que la biblioteca coleccionara todo tipo de materiales, no solo libros y revistas: «La Biblioteca es un centro al servicio de la cultura en todas sus manifestaciones. Por eso la nuestra incluye cuadros, música impresa, mapas, grabados, dibujos, discos, manuscritos; en una palabra, todo lo que forma el acervo cultural del hombre» (Freyre de Andrade, 1964, p. 3). La primera de las funciones —servir de apoyo a la labor propagandística y educativa de la Revolución— haría que la Biblioteca Nacional fuera muy diferente de los modelos capitalistas extranjeros. La Biblioteca Británica podría ser magnífica y bien organizada, pero no servía como modelo a la construcción de una sociedad socialista. Es decir, que no sería posible ni efectivo que comenzáramos en la Cuba de hoy a imitar lo que hace la Biblioteca Nacional de Inglaterra, que es una de las mejores del mundo. No podemos nosotros en Cuba, en la Cuba actual, tratar de copiar lo que hacen los ingleses en sus Bibliotecas. No, compañeros; si procediéramos así, no estaríamos formando parte de la sociedad cubana del presente; tendríamos una Biblioteca magnífica, la tendríamos bien clasificada, le daríamos un buen servicio a muchas personas, pero no estaríamos formando parte activa en lo que es la Revolución. Y la obligación de la Biblioteca es tomar parte muy activa en la construcción de la nueva sociedad (Freyre de Andrade, 1964, p. 3). 338
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