organizar las bibliotecas cubanas según las técnicas de catalogación y clasificación utilizadas en los países desarrollados. En otros ensayos lamentó la falta de personal experto, criticó las donaciones de libros como única fuente de las colecciones, e instó a interconectar las bibliotecas existentes. Ese mismo año publicó un folleto en favor de la creación de bibliotecas escolares, similares a las que existían en Estados Unidos. Por esos años promovió la creación de servicios de referencia y de adquisiciones en las bibliotecas cubanas (Montes de Oca & Rivera, 2006). Durante su gestión la BNC experimentó cambios significativos. Se creó la Sala Juvenil, el Departamento de Extensión, la Campaña de Lectura Popular, la Sala de Ciencia y Técnica, la Biblioteca Circulante y el Departamento Metódico. Se creó además una sala de música y otra de arte, y se estableció el servicio de referencias, para orientar al lectorinvestigador en sus búsquedas. Fue también durante este periodo que se abrió la Sala José Martí, una colección dedicada al estudio de la obra del escritor y héroe de la independencia cubana. Estas transformaciones hicieron de la BNC una biblioteca moderna al servicio de la instrucción y la elevación cultural de las masas. María Teresa fue una entusiasta revolucionaria. Durante su gestión, la BNC apoyó con un programa de extensión de la lectura las políticas educativas de la Revolución. Y, por lo que sabemos, apoyó las diversas manifestaciones convocadas por el partido y por Castro. Por ejemplo, en 1966 hizo un llamado a los bibliotecarios a acompañar la celebración del aniversario de Playa Girón y, más tarde, promocionó activamente las movilizaciones para la «Zafra de los Diez Millones» (Fernández Robaina, 2001, p. 70). Pero tal vez su pasado ortodoxo, su pertenencia a una familia aristocrática, su experiencia internacional y, sobre todo, sus ideas acerca de qué era una biblioteca moderna llevaron a enfrentarla con el liderazgo revolucionario y causaron su alejamiento hacia 1967. Sabemos que en 1964 María Teresa dio un discurso a la juventud comunista de la propia biblioteca en el que se refirió al problema de la función de las bibliotecas en los procesos revolucionarios (Freyre de Andrade, 1964). Las bibliotecas, dijo entonces, son importantes para la Revolución en tanto se mantengan consustanciadas con ella. Freyre de Andrade creía que la Revolución cubana debía sostenerse en ideas directrices emanadas del liderazgo revolucionario. En este sentido, las bibliotecas jugarían un rol central en la difusión de ideas en la transición al socialismo. Pero, por otra parte, ella veía a la Biblioteca Nacional como 337
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