súbitamente el acervo bibliográfico de la BNC hasta llegar, quizá en dos o tres años, a la cifra de 1,5 millones de volúmenes. ¿Qué cambios trajo la Revolución a la organización de bibliotecas y al capital libresco de la república? Los relatos de los bibliotecarios sobre los procesos de modernización y reorganización de la Biblioteca Nacional coinciden en sus grandes trazos (por ejemplo, Fernández Robaina, 2001; Viciedo Valdés, 2009; Ramos 1972). Según estas fuentes, la Revolución marcó un antes y un después tanto en la acumulación libresca como en el acceso del público a los libros. Antes de la Revolución, la condición neocolonial o dependiente del país hizo que la Biblioteca Nacional pasara las penurias típicas del subdesarrollo: abandono estatal, escasa capacitación del personal, bajísimos presupuestos y edificios inadecuados. Después de la Revolución todo cambió: la BNC, que había sido un depósito de libros vacío de lectores, se transformó en un elemento crucial para la construcción de la nueva cultura socialista en la isla. En palabras de Miguel Viciedo Valdés, la Biblioteca Nacional y el resto de las bibliotecas públicas se convirtieron en «verdaderos centros de irradiación de la cultura» (Viciedo Valdés, 2009, p. 62). A partir de 1959 se produjo una centralización administrativa de todas las bibliotecas y colecciones: la Biblioteca Nacional se transformó en un centro de información moderno, funcional al proyecto de democratización de la cultura y a la construcción del socialismo. Mejoraron los catálogos, se promovió la investigación sobre la cultura cubana, los libros se hicieron baratos y accesibles, y las bibliotecarias prepararon manuales técnicos y bibliografías que ayudaron al desarrollo económico de Cuba. Como veremos seguidamente, la directora de la BNC trabajó esforzada y sostenidamente para hacer llegar el libro al lector y reducir la brecha que separaba a la élite de las masas trabajadoras y campesinas. En este sentido, Viciedo Valdés sostiene una controvertida y contundente idea: solo la Revolución cubana dio inicio al movimiento masivo de bibliotecas públicas. La Biblioteca Pública como unidad de información e institución cultural de alcance masivo surgió realmente con el triunfo del 1 de enero de 1959. Las primeras leyes revolucionarias a favor de la cultura y del pueblo favorecieron la creación y formación de una Red de Bibliotecas Públicas que —orientadas por la nueva Dirección Nacional de bibliotecas y bajo la conducción de María Teresa Freyre de Andrade— se insertaron en los municipios, los barrios y las 334
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