Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

Hacia 1971 la utopía de cientos de miles de bibliotecas familiares había sido reemplazada por un Estado-bibliotecario que tutelaba la cultura nacional y promovía la conciencia socialista en formas mucho más rígidas que las imaginadas por los intelectuales y los bibliotecarios. La Biblioteca Nacional, así como la red de bibliotecas públicas asociadas, pronto se llenó de textos marxistas-leninistas y de manuales técnicos soviéticos. Pero no nos adelantemos. Es necesario primero examinar los relatos de los expertos acerca de las transformaciones en las bibliotecas cubanas durante la Revolución y, para ello, debemos necesariamente examinar un evento trascendente en la política educativa de este periodo. ALFABETIZANDO CON CARTILLAS Durante 1961 una proporción significativa de la población cubana, especialmente los jóvenes, se movilizaron para llevar adelante una masiva campaña de alfabetización. Estudiantes de secundaria interrumpieron sus estudios para trasladarse a centros de entrenamiento —el más grande en la playa de Varadero—, desde donde se dirigieron a áreas rurales. Muchos de ellos se alojaron en las humildes viviendas de campesinos y trabajadores y compartieron con ellos las tareas cotidianas249. Dedicando unas horas al día durante varios meses, los jóvenes brigadistas enseñaron a leer y escribir a una multitud de iletrados. El número es preciso, porque se repitió en los mensajes oficiales y los relatos de los alfabetizadores. Fueron 707 000 los que se alfabetizaron ese año, lo que redujo sustancialmente la tasa de analfabetismo de 23,6% en 1953 a 3,9% al final de la campaña de 1961250. La movilización de jóvenes brigadistas fue masiva. Más de 300 000 jóvenes, maestros y trabajadores participaron de la campaña, como resultado de un esfuerzo de propaganda sin precedentes (Abendroth, 2009, p. 86). Para jóvenes que tenían de 14 a 16 años, la experiencia de la campaña de alfabetización debió ser enriquecedora. En su convivencia con las familias de los trabajadores y campesinos aprendieron acerca de la situación de pobreza y de las miserias del subdesarrollo. A cambio, ellos dieron a los adultos analfabetos la capacidad de leer y escribir. Fue, en este sentido, un intercambio mutuamente beneficioso (Abendroth, 2009, p. 20)251. Mirada desde un punto de vista político, la Campaña Nacional de Alfabetización fue aún más eficaz, porque diseminó a lo largo y ancho de 330

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