PROMESAS DE LA REVOLUCIÓN La Revolución, sabemos, prometió muchas transformaciones, entre otras: la reforma agraria, la alfabetización, la igualdad racial, la mejora de la salud pública, la industrialización o, al menos, el desarrollo económico no dependiente, la construcción del «hombre nuevo» y la erradicación de los burdeles y las casas de juego248. Con el tiempo llevó a cabo algunas de estas transformaciones, otras no. Una de las promesas iniciales resulta llamativa. Fidel Castro prometió que la Revolución haría posible tener «una biblioteca en cada casa». La idea de llevar los libros a nuevos lectores campesinos significaba redireccionar hacia el campo el énfasis de la política cultural de la Revolución. Esto traería una radical descentralización de las lecturas y de la acumulación libresca. De cumplirse esta promesa, se multiplicarían por doquier las pequeñas bibliotecas privadas, lo que compensaría el prestigio y poder asociados a las bibliotecas de La Habana, Santiago y Matanzas. Como veremos, la Revolución tomó luego un giro diametralmente opuesto, al privilegiar la concentración de libros en la capital y en una sola institución: la BNC. La modernización de la Biblioteca Nacional le permitió a Castro lanzar desde La Habana un proyecto cultural nacionalista revolucionario que, desde el comienzo, articuló patriotismo, alfabetización y promoción de la lectura popular como claves para la formación de una nueva conciencia socialista. En opinión de Castro, los campesinos consideraban los libros como objetos valiosos, deseados pero inaccesibles. La pobreza, el analfabetismo y la distancia a las ciudades los había alejado de la posibilidad de coleccionar libros. Dijo Fidel Castro en 1960: Antes solamente podían tener bibliotecas muy contadas personas […] es rara la casa campesina, obrera en que se encuentre una biblioteca, y no es que no les interese. Nosotros nos recordamos cuando estábamos en la Sierra Maestra, en la época que evacuaron a todos los campesinos, llegábamos a los bohíos y estaban vacíos, siempre nos encontrábamos algún librito. Un libro de agricultura, un librito religioso, un libro de modas, siempre había un libro en cualquier casa por humilde que fuera. Y los campesinos, por ejemplo, aprecian mucho los libros, los aprecian también las familias, como se aprecian todas las cosas que no están al alcance de las manos de las personas (citado en Santonja & Estrada, 2012, pp. 15-16; énfasis propio). Restricciones a las importaciones de libros, debido a falta de divisas y el bloqueo comercial norteamericano, pronto llevaron a la necesidad de 327
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