BIBLIOTECAS Y REVOLUCIÓN EN CUBA Ricardo D. Salvatore La Revolución cubana se propuso desde su inicio reducir rápidamente el analfabetismo en la isla y crear una masa de lectores obreros y campesinos que pudiesen integrarse a la construcción de una cultura socialista. La campaña de alfabetización de 1961 produjo, en efecto, un incremento significativo del número de lectores y permitió el lanzamiento de un programa de difusión del libro y la lectura entre los sectores más postergados de la sociedad cubana. La Biblioteca Nacional de Cuba (BNC) fue el epicentro de este huracán cultural, debido a que desde allí se irradiaron una serie de iniciativas que apoyaron tanto la afirmación del culto a la lectura como la promoción del socialismo como sistema viable. Este ensayo plantea que la promesa de la Revolución de dispersar libros y bibliotecas en el campo no se cumplió. El sistema bibliotecario cubano fue centralizado y fuertemente estatista. La estatización de colecciones privadas aumentó el capital bibliográfico de la BNC, la que promovió la lectura y, a la vez, cultivó el estudio de la cultura cubana y, en particular, de la obra de José Martí. Una producción masiva de textos escolares y de manuales técnicos permitió acompañar desde el Estado la demanda de libros del programa educativo de la Revolución. Centrándome en el análisis de la figura de la bibliotecaria de la Revolución, María Teresa Freyre de Andrade, trato de interrogar en qué medida la BNC pudo construir un camino intermedio entre las necesidades de modernización técnica y de servicios y los imperativos del nacionalismo revolucionario; un sendero que hiciera compatibles la construcción del socialismo y la elección del lector. Este ensayo desnuda las tensiones en la construcción de una biblioteca a la vez moderna y socialista en la primera década de la Revolución. 326
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