230 La memoria destaca el aumento de más de 250 000 ejemplares y, aunque admite que el aumento de entidades patrocinadas se ha desacelerado con respecto al año anterior, esto se debe a que se prefiere conceder la protección legal a las bibliotecas que tengan méritos para recibir dicha ayuda (CONABIP, 1949, p. 75). 231 La obra fue llevada al cine por Carlos Borocosque en 1954. 232 El rubro observaciones en general enumeraba las necesidades a futuro de la biblioteca. Véase, por ejemplo, Caja 1140, expediente 330, Archivo de la Comisión de Bibliotecas Populares. Las estadísticas de 1948 informan hasta ese año y desde 1910 se cerraron 817 bibliotecas por no funcionar en las condiciones reglamentarias. Véase CONABIP, 1948a (p. 90). 233 Es probable que el control de la lectura haya sido un objetivo que nunca la Comisión pudo llevar adelante, dado que contaba con una burocracia de pocas dimensiones y sin inspectores propios. Por otro lado, las colecciones de las bibliotecas eran muy heterogéneas porque estas dependían en gran medida de la incitativa de sus socios; así, resulta imposible hablar de la colección típica de una biblioteca popular. Este tema aguarda estudios específicos. 234 Caja 1140, Biblioteca 1141, Expediente 330, Letra B, Archivo de la Comisión de Bibliotecas Populares. La ubicuidad de las bibliotecas populares en los barrios es un dato que no puede ser ignorado a la hora de hacer un balance del estatus de la cultura letrada en los sectores populares. Incluso, como nos advierte Luis Alberto Romero, aún la escasa actividad de lectura es prueba misma de la reputación de la cultura letrada: el libro es el agente legitimador de esa sociabilidad barrial (Gutiérrez & Romero, 1989, p. 55). 235 Debe tenerse en cuenta que la selección del material en las bibliotecas populares estuvo sujeta muchas veces a una lógica más acumulativa que selectiva, entre otras cosas porque las donaciones eran una importante forma de aumentar el acervo. 236 La selección de libros requeridos estaba muy relacionada con el tipo de biblioteca — escolar, de club, de una asociación—, del barrio y el tipo de lectores de la misma. 237 Véase, por ejemplo, Legajo 189, Letra B, Archivo de la Comisión de Bibliotecas Populares. 238 Fondo Documental de la Secretaria Técnica del Estado, Legajo 137. 239 Una foto de estas bibliotecas circulantes se puede ver en CONABIP, 1954-1955. 240 Desarrollo Económico, 13 de abril de 1954, p. 1. 241 Es preciso advertir que, según la carta orgánica del partido peronista, las unidades básicas debían poseer una biblioteca. Se puede interpretar este requisito como otra forma en que el peronismo demostró su interés por extender la cultura, en particular la práctica de la lectura, a los sectores bajos. Nicolás Quiroga advierte que el control sobre las unidades básicas fue muy difuso y que, en términos de sus funciones y su organización interna, estas constituyeron un conjunto de agrupaciones muy heterogéneo. Teniendo en cuenta estas características, se hace difícil pensar que el peronismo haya usado estas instituciones para controlar aquello que se leía. Al igual que para el caso de las bibliotecas populares, el peronismo buscaba que las unidades bases ayudaran a promover la práctica de la lectura, pero no se advierte una política que promoviera ciertas lecturas sobre otras (Quiroga, 2008). 324
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