Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

apoyo a las bibliotecas populares puede ser visto como un avance del Estado hacia la sociabilidad del barrio e incluso hacia la campaña rural. Este avance también se advierte en otras iniciativas del gobierno como la apertura de unidades básicas barriales, la creación de misiones monotécnicas que se proponían educar al campesinado rural y en los diversos proyectos encarados por la Subsecretaría de Cultura tendientes a extender el consumo cultural más allá de los círculos tradicionales y de la ciudad de Buenos Aires243. El caso aquí estudiado nos indica que la capacidad de los sectores populares para «beneficiarse» del peronismo no debe ser automáticamente asociado con afiliación o sujeción política, ni toda política estatal a la búsqueda —al menos inmediata— de adhesión244. ¿Puede leerse la expansión y el respeto de la autonomía de las bibliotecas populares como representativa de la política cultural del régimen? Hasta cierto punto lo que sucede con las bibliotecas populares se ajusta a un patrón común a la hora de hacer un balance del peronismo: los éxitos del gobierno se asocian a sus afanes democratizantes y estos últimos están cargados de significado político. Sin embargo, debemos resaltar el hecho de que el apoyo a las bibliotecas —institución centrada en la idealización de la cultura escrita— concuerda con una representación jerárquica de la cultura, que se sostiene en una visión tradicional de la relación entre clase y cultura (Okada, 2005). En cuanto a la vocación autoritaria, lo que sucede con las bibliotecas populares nos permite matizar los impulsos autoritarios del peronismo en torno a la letra impresa245. Uno de los hitos fundacionales y ciertamente premonitorios en muchos sentidos del nazismo fue la quema de libros el 10 de mayo de 1933. La destrucción de libros considerados comunistas o judíos se volvió una práctica corriente y a esta se le agregaron la confiscación de bibliotecas, la persecución a editores, libreros y autores, y la censura de obras (Hill, 2001, pp. 9-45). Nada de esto sucedió en la década que va desde 1945 a 1955. Si la comparación con el nazismo parece exagerada, tal vez sirva aclarar que la administración que siguió a la de Perón sí intentó «extirpar» ciertas publicaciones, incluso, como fue anteriormente mencionado, de las mismas bibliotecas populares. A MODO DE CONCLUSIÓN La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares fue fundada bajo la creencia de que la lectura constituye un mecanismo efectivo para civilizar 315

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