1948, subvencionado por las cámaras de Diputados y Senadores de la Nación. Las distintas comisiones discutieron sobre aspectos técnicos, la misión de las bibliotecas populares y su accionar, su futuro y el gremio de bibliotecarios, y se detuvieron de forma particular en su relación con el pueblo, la cultura nacional y el Estado (CONABIP, 1948b). El despacho de la Comisión Sexta del Congreso fue explícito a la hora de «apoyar y aplaudir la política del gobierno nacional en sus aspectos de fomento de las bibliotecas populares, concretado en el aumento de los subsidios y la reestructuración de la Comisión de Bibliotecas Populares». Sin embargo, también aparecía entre estas resoluciones la defensa de ese principio tan caro a las bibliotecas populares como era la defensa de su autonomía. Si bien el congreso aconsejaba la sanción del estatuto del bibliotecario y del personal de las bibliotecas populares, lo hacía subrayando que se debía mantener como principio fundamental la independencia de las mismas. Evidentemente los bibliotecarios identificaban la sujeción como una amenaza del peronismo, aun cuando saludaran las medidas implantadas por el gobierno. Sin embargo, los comentarios que aparecieron en la revista de la Comisión no cuestionaban sino resaltaban el carácter «particular» (independiente) de las bibliotecas populares aunque «su desenvolvimiento y progreso solo [sea] realmente posible cuando media el sostén del Estado» (CONABIP, 1948b, p. 38). La defensa de la autonomía no solo fue un principio invocado sino también ejercido durante el encuentro en Córdoba. El congreso cerró con un pedido para que se gestionara la libre lectura del libro de Juan Bautista Alberdi, El crimen de la guerra, que los asistentes al congreso erróneamente creían prohibido. Uno de los frutos del encuentro aquí mencionado fue la creación de una Federación de Bibliotecas Populares, cuya misión era promover la vinculación entre las propias bibliotecas. En su estatuto se volvía a invocar indirectamente el principio de la autonomía, al declararse ajena a cuestiones políticas, religiosas o de nacionalidad, y afiliarse, en cambio, al respeto y la defensa de la tradición cultural de Mayo. El impacto de la ampliación del presupuesto fue inmediato. La memoria del año 1948 registra los avances que con el mismo se habían logrado; el más evidente fue el aumento del número de lectores y el acervo agregado a las bibliotecas230. Sin llegar a consolidar los mencionados logros, Obligado murió en 1949. En su reemplazo, tras un breve interludio, fue nombrado el escritor de obras de tono social Horacio Velázquez. Este último era un ex obrero frigorífico y no era un escritor conocido. Es probable que haya 311
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