Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

visión, aunque no necesariamente correcta —como mencionamos antes, una biblioteca es una cosa proteica, y esta puede amoldarse a distintos objetivos—, permite explicar la sorprendente discrecionalidad de Martínez Zuviría. Dicha perspectiva del gobierno sobre las bibliotecas del Estado resulta evidente si se la contrasta con la suerte de las bibliotecas populares, las cuales recibieron un considerable apoyo estatal como se puede ver en la próxima sección. LIBROS PARA EL PUEBLO: LA COMISIÓN NACIONAL DE BIBLIOTECAS POPULARES221 La CONABIP, en 1946, era una vieja institución con una actuación dispareja. Siguiendo las recomendaciones propuestas por Horace Mann, Domingo Faustino Sarmiento fundó en 1870 una dependencia estatal destinada al «fomento, la inspección y la inversión de fondos destinados a las bibliotecas populares», es decir a aquellas bibliotecas que surgían de la iniciativa de pobladores222. Concretamente, el Estado se comprometía a girar a cada biblioteca una suma de dinero igual a la que esta había sido capaz de recaudar. El proyecto representaba la convicción de la capacidad transformadora de los libros y constituyó un capítulo vital de la utopía educadora liberal. La idea era promover una institución que remitía a la apertura, al dinamismo comunitario, a la asimilación del extranjero y a la conversión del ciudadano; que buscaba que todos accedieran al libro, incluso a su préstamo, que constituía «un pacto ético» (Clementi, 1992). Buscaba también enmendar las desigualdades regionales con respecto al acceso a la lectura (Romero, 1995; Chartier & Hebrard, 1994, p. 147; González, 1990)223. Tampoco estaba ausente en la fundación de la CONABIP la preocupación por los virtuales efectos nocivos de una lectura sin control. Esta institución buscaba asegurar al Estado la capacidad de participar en el proceso central de este dispositivo cultural: el de «acompañar» al lector (Chartier & Hebrard, 1994, p. 120). La atribución de «vigilar» quedaba legislada al definir como una de las funciones de la Comisión el «inspeccionar» las bibliotecas. Es decir, la fundación de la Comisión remitía a una visión de la biblioteca como un «agente de cultura» pero también de control social, capaz de proyectarse en una multiplicidad de roles. A pesar de que sus años iniciales fueron poco auspiciosos, la CONABIP ha funcionado hasta nuestros días, aunque con algunas interrupciones 307

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