Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

ministro de Educación instaba a los directores de sus dependencias a «evitar toda filtración de funcionarios y docentes desleales o simplemente desafectos» y a «trabajar intensamente en el sentido de inculcar la doctrina justicialista» entre su personal. El ánimo de la circular estaba resumido en la advertencia que se daba al incumplimiento de las directivas: «cualquier actitud contraria o tibia que evidencia falta de decisión y energía en defensa de sus postulados [los de la doctrina justicialista], debe considerarse falta gravísima de deslealtad a la Patria y a sus instituciones». Finalmente se instruía a los directores a formar grupos para neutralizar y prevenir «el clima subversivo»215. La respuesta de Martínez Zuviría ante ese pedido fue declarar su fe peronista y la de sus empleados, pero sin comprometer acciones concretas dentro de la biblioteca216. Esta reacción esquiva se repitió en los años sucesivos hasta convertirse en abierta exasperación. En 1953, ante el requerimiento de un informe por parte del recientemente nombrado director de Cultura, Raúl de Oromí, sobre cuáles eran los objetivos del Segundo Plan Quinquenal que la Biblioteca Nacional había conseguido cumplir, Martínez Zuviría respondió con una serie de proyectos —publicaciones sobre el peronismo, ficheros sobre la cultura autóctona, apertura de locales para la expresión de los obreros— que probablemente no pensaba llevar a la práctica. Mencionaba en dicho informe la colaboración de la biblioteca con la cultura popular al «asegurar las máximas facilidades para el acceso del público lector a las distintas dependencias de lectura e investigación de la casa»217. La viabilidad de dichos planes era escasa dadas las restricciones presupuestarias que pesaban sobre la institución, pero también porque no se condecían con el proyecto de Martínez Zuviría. Tan solo unos días antes, en la memoria enviada a la Dirección de Cultura, el director se había referido a la puesta en vigor de nuevas condiciones para acceder a la sala de investigadores. Un año después, probablemente ya cansado de los reiterados pedidos de informes de la Dirección de Cultura, Martínez Zuviría expuso abiertamente su opinión de que la biblioteca, dada su naturaleza, no podía integrarse a los objetivos del mencionado Plan Quinquenal: La índole misma de los servicios que la Biblioteca Nacional presta al público, hace que muy poco sea lo que puede realizar en cumplimiento del mencionado plan, sin perturbar sus funciones específicas, lo que causaría graves inconvenientes para sus numerosos lectores. Lo único concreto y realmente valioso, que está a su alcance, son sus publicaciones, que, según tiene 305

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