también la recepción de publicaciones periódicas. Si antes de asumir la Biblioteca Nacional recibía 63 publicaciones periódicas, hacia 1933 estas sumaban 1243, y hacia 1939 ya llegaban a 2467. La recepción de diarios también creció con la llegada de Martínez Zuviría. En 1931 llegaban 63 diarios; tres años después, las memorias se jactaban de que la Biblioteca recibía 166 diarios. Martínez Zuviría reanudó, además, la edición de la revista La Biblioteca fundada por Groussac. Allí se dedicó a reproducir el contenido de los archivos de la institución. Dicha publicación, que puede ser leída como la jerarquización de un deseable catálogo de temas de investigación, se constituyó en un valioso instrumento para los historiadores (Tesler, 2004). A través de una campaña en los medios, Martínez Zuviría incrementó en forma evidente la recepción de donaciones. Paralelamente, desplegó esfuerzos para transparentar la administración de la biblioteca con la publicación de memorias anuales que asumían la ritualizada práctica de enumerar objetivos, proveer estadísticas, recapitular los logros de la gestión e identificar las fallas y a los responsables de las mismas. A pesar de los éxitos, la Biblioteca Nacional distaba mucho de ser una institución moderna, limitada en su labor por graves problemas de infraestructura. El edificio era claramente el capítulo que más preocupaba a su director: este se encontraba en un inmueble inicialmente proyectado para la Lotería Nacional, desbordado por el número de volúmenes acumulados y amenazado por las filtraciones de agua. La llegada de Perón y, concretamente, los cambios que fueron introducidos en la burocracia cultural durante sus primeros años de gobierno no modificaron la vida de esta institución. Martínez Zuviría continuó con su proyecto de modernización y profesionalización de la biblioteca y, al menos hasta 1952, tan solo se vio restringido por los problemas heredados de la década anterior: la falta de presupuesto, la falta de personal y la irresoluble cuestión del edificio, temas sobre los cuales Martínez Zuviría no se cansó de reclamar a las autoridades nacionales (Biblioteca Nacional, 1948). En una carta al director de Cultura fechada el 22 de octubre de 1951, Martínez Zuviría resumió la urgencia de la construcción de un nuevo edificio al afirmar que «dentro de poco tiempo [la Biblioteca] no podrá guardar ordenadamente ni un solo libro más»204. El alarmista comentario de Martínez Zuviría revelaba la frustración del director: sus problemas no solo no eran atendidos sino que estos se habían exacerbado en virtud del decreto de economías de 1950 y dado el pedido concreto del entonces 300
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