Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

de los propios naturales del país. Se trataba de un proceso muy similar a aquello que se pretendía hacer en el Museo: que fueran los propios naturalistas del país, y no solamente los extranjeros, los que escribieran sobre la historia natural de Brasil. Sin embargo, para eso era fundamental que se adquiriera todo lo que ya había sido escrito sobre el país. A la misión de recoger documentos para el Archivo del IHGB se sumó la de comprar libros para la biblioteca del museo. El primer cuestionamiento sobre los trabajos de la comisión, que dio lugar a una serie de sucesivas e injustas críticas, según Lagos, trataba justamente de la compra de una «voluminosa biblioteca solicitada por la Comisión y del material calificado de inmenso e innecesario». Guilherme de Capanema173, director de la sección de Mineralogía y Geología del Museo Nacional e integrante de la comisión, salió a defender la compra de los libros, aunque reconoció que se trataba de una cantidad «bastante considerable». Garantizó que solo habían sido solicitadas las obras consideradas indispensables para los trabajos de historia natural y que no estaban en las bibliotecas públicas ni en las particulares de la Corte de Río de Janeiro. Así, dejaron de pedir las espléndidas publicaciones de Humboldt y Bompland, de Spix y Martius, de Pohl, de Saint-Hilaire y de otros autores existentes en la Biblioteca Nacional y en la de nuestro Instituto (IHGB); así como las obras de Reamur, Olivier, Schoenherr, Fabricius, Guèrin-Méneville, Meigen, Macquart, Déjean y muchas otras bellas monografías que posee nuestro amigo y compañero de expedición el Dr. Ferreira Lagos, en cuya excelente biblioteca se encuentran también las preciosas colecciones completas de los Annaes de la Sociedad Entomológica de Francia, de las Suites à Buffon publicadas por Roret, la Historia Natural de los peces de Cuvier y Valenciennes, etc., etc. (Gonçalves Dias, 1862, p. CXLV)174. Con respecto a los periódicos científicos, unos pocos fueron pedidos «por ahora», explicó Capanema, «para no sumar gastos; sin embargo las series completas de muchos son de absoluta necesidad, dado que en ellas se encuentran las numerosas memorias de importancia sobre la geografía y la historia natural de Brasil, y se solicita que la comisión esté actualizada con esos trabajos para evitar el triste espectáculo de aislamiento científico e ignorancia de lo que se ha escrito sobre el propio país» (Lagos, 1862, p. CXLV). Por eso mismo, Capanema solicitó específicamente a Gonçalves Dias que comprara otro volumen del Edinburgh New Philosophical Journal de 1841, para confirmar en el campo —en la chapada del Araripe, 279

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