Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

bibliográficas, producir nuevos libros con nuevas contribuciones para la ciencia. La naturaleza de Brasil era pródiga, pero faltaban libros en el museo y estos costaban caro. Para convertir al Museo Nacional de Río de Janeiro en un museo a la altura de su tiempo, que compitiera con los museos europeos y norteamericanos, como querían sus directores, las consultas de publicaciones eran esenciales y había que elaborar una estrategia para obtenerlas. En la época de la propuesta y las primeras expediciones de la Comisión Científica de Exploración, esta contaba con abundantes recursos y el apoyo del gobierno imperial brasileño. Debido a los costos de la Comisión, se aprobaron amplios créditos sin oposición alguna. Los periódicos elogiaban la iniciativa, exaltaban el coraje de los naturalistas y «naturalmente preparaban la tunda para nuestro regreso», informaba Lagos a Antônio Gonçalves Dias, el 14 de octubre de 1856, como respuesta a la pregunta de este último sobre «cuándo recogerían insectos en Ceará»171. El conocido poeta romántico, graduado en derecho, profesor de historia y latín en el Colegio Imperial Pedro II, encargado ya anteriormente de evaluar bibliotecas antiguas —como las heredadas de los colegios jesuitas — estaba por esa época viajando por Europa al servicio del gobierno, recogiendo y reproduciendo documentos de interés para la historia de Brasil. En su correspondencia personal con el emperador D. Pedro II172, a quien le informaba en detalle sobre el curso del trabajo, Gonçalves Dias daba cuenta de las complejidades burocráticas y de las dificultades para encontrar un secretario para copiar infinidades de documentos en la Torre de Tombo, en la Academia de las Ciencias de Lisboa, en el archivo del Consejo Ultramarino —en ese entonces en el Palacio de Ajuda—, en la Biblioteca de Porto o en el «tesoro» que era la biblioteca de Évora para Brasil. Reclamaba por los complicados arreglos diplomáticos para recibir y enviar cartas y para obtener autorización para la copia de los documentos de los archivos y bibliotecas portuguesas; el patronazgo del emperador o de sus parientes portugueses era muchas veces la única solución. Su misión era adquirir, especialmente en Portugal, documentos tales como cartas regias entre 1648 y 1798, acuerdos entre 1628 y 1662 y entre 1675 y 1683, además de muchos otros documentos que enumeraba en sus cartas al emperador —en las que también le contaba sobre el avance de sus publicaciones literarias—. Se trataba de formar un archivo del Imperio de Brasil que les permitiera a los socios del IHGB escribir la historia a partir 278

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