Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

colección de fósiles, considerada en la época una de las mejores de Europa. También llegó al museo la Dissertatio de generatione et metamorphosibus insectorum surinamensium de Maria Sibylla Merian, publicada en Ámsterdam por J. Oestewyk en 1719. Poseedora de una vasta cantidad de ilustraciones, lo que facilitaba enormemente los estudios comparados, para su clasificación, esta sería una obra que no perdería su actualidad. Publicada en varias ediciones de su traducción al francés, fue ampliamente utilizada por los entomólogos hasta bien entrado el siglo XIX. Hermann Burmeister, el director del Museo Público de Buenos Aires, la citaba incluso en sus obras de fin de siglo (Podgorny & Lopes, 2014), por ejemplo, y sus ejemplares llegan aún hoy a precios elevadísimos en el comercio de libros raros. Esas transferencias sugieren que para el museo —cuya colección de libros se encontraba habilitada para los especialistas autorizados por el director pero aún no estaba disponible para el público, como era el caso de la Biblioteca Nacional— estas fueron obras de gran valor histórico, económico o de alguna posible utilidad, aunque no estuvieran necesariamente actualizadas. Cabe destacar que los casos mencionados, que son aquellos sobre los cuales tuvimos mayores evidencias de que efectivamente estuvieron en el museo a mediados de siglo, están lejos de constituir la totalidad de los libros existentes o de aquellos que estaban disponibles en —y para— la institución. En ese periodo, las redes de sociabilidad científica de la Corte eran, si no limitadas, por lo menos pasibles de ser mapeadas (Pinheiro, 2009). Los directores del museo también eran profesores de las facultades de Medicina e Ingeniería de Río de Janeiro, socios del Instituto Histórico y Geográfico Brasileño (IHGB) y de la Sociedad Auxiliadora de la Industria Nacional (SAIN), y fundadores de la Sociedad Vellosiana, exclusivamente dedicada a las ciencias naturales. Publicaban en los periódicos de esas asociaciones, que conservaron en el museo, así como también en las nuevas publicaciones nacionales que comenzaban a ser ampliadas, siguiendo el ejemplo de la Biblioteca Guanabarense, de la Revista Brazileira y de los periódicos diarios. Fueron muy corrientes los reclamos sobre las colecciones que pertenecían al museo que fueron llevadas a la Escuela Politécnica para ser utilizadas en las clases y que no fueron devueltas posteriormente; o sobre el traslado sin retorno de los instrumentos del laboratorio químico del museo a la Facultad de Medicina. Asimismo, lo fueron también las 275

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