Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

«LAS MEDALLAS DE LA NATURALEZA PARA REVELAR LA HISTORIA Y LAS REVOLUCIONES DEL GLOBO» A lo largo de la primera mitad del siglo XIX, y hasta la organización formal de su biblioteca en 1863, los directores del Museo Nacional de Río de Janeiro negociaron las compras de libros año tras año en las leyes de presupuesto de la institución y en el intercambio de documentos burocráticos con las secretarías de gobierno. En reiteradas ocasiones advirtieron que sin libros era imposible clasificar muestras, ordenar colecciones, organizar estantes y enseñar historia natural. Frei Custódio Alves Serrão, director del museo entre 1828 y 1847, articuló con suma claridad lo que hoy llamaríamos «infraestructuras epistémicas para la economía de conocimiento» en un discurso, explícitamente práctico, orientado a resaltar las ventajas de la utilidad de los recursos naturales y que buscaba sensibilizar a la burocracia del Imperio. En ese discurso del 6 de marzo de 1844, asimismo, es posible identificar su identificación con la noción cuveriana de los estudios teóricos de historia natural: Si las Bibliotecas son el depósito del mundo intelectual y de los documentos que encerraron la vida de la humanidad en todos sus periodos, los Museos, como las Bibliotecas, resumen el mundo material y sus ejemplares, demuestran sus cambios, sirven como medallas de la naturaleza para revelar la historia y las revoluciones del globo. Estos preciosos depósitos, que registran todas las fuentes de riqueza material de una nación, proporcionan con creces al legislador ideas exactas y elementos necesarios para las grandes concepciones, tanto en la creación de recursos, como en la especulación de otros estudios que tienden a engrandecer su gloria y dignidad155. El decreto de creación del Museo Nacional de 1819, que básicamente se refiere a la compra de las casas que alojarían a la institución, estipula que serían transferidos al nuevo Museo Real los instrumentos, máquinas y gabinetes que ya existían dispersos en otras reparticiones de la Corte, pero no menciona libros. Probablemente la primera obra manuscrita enviada al museo haya sido la Descrição florestal da colleção de madeiras dos sertoens do Rio Abaethe, de Wilhelm Ludwig Eschwege, por entonces inspector general de minería de oro de Minas Gerais, quien ya había enviado diamantes y otras colecciones de minerales para la institución. Las primeras colecciones donadas venían acompañadas de sus referencias, aunque eran frecuentes los reclamos del director de que muchas de estas se perdían en la aduana o en las Secretarías de gobierno, lo que impedía que 270

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx