las muestras se tornaran «útiles para la ciencia»156. Un indicio de que en el Museo había libros es una referencia a ellos dentro de la propia documentación de la institución y que ha sido extensamente reproducida por la historiografía. Se trata de una solicitud de retirada, y no de adquisición o donación de libros, en la que se pide la transferencia de la obra «Museu de Napoleão» del Museo a la Biblioteca Pública de Río de Janeiro, sin mayores identificaciones157. Menciones a la existencia, magnitud y carencia de libros en el museo se repitieron en los informes de sus directores a partir de la década de 1830 y de la gestión de Custódio Alves Serrão158: «Las obras que tratan sobre ciencias son costosas, en el Museo no existe una biblioteca» […] una biblioteca propia […] donde se reúnan los periódicos más autorizados». Aparecen también menciones sobre las dificultades para clasificar las colecciones que iban en aumento. La ausencia de obras clásicas de la historia natural era presentada como justificación de la imposibilidad de una denominación rigurosa tanto de la mayoría de las especies como de su distribución por géneros. En la Biblioteca Pública —actual Biblioteca Nacional de Río de Janeiro — entre los años 1833 y 1834, cuando los libros eran divididos según las cinco clasificaciones del sistema de Bure159, faltaban especialmente obras de química, física y ciencias físico-matemáticas, y existía por lo menos un catálogo completo de 302 obras de ciencias naturales. No fue sin protestar que el bibliotecario ayudante, Cônego Felisberto Antonio Pereira Delgado, cumplió con la orden del gobierno de 1832 de elaborar, en común acuerdo con el director del museo, una lista de setenta títulos de historia natural para que fueran transferidos al Museo Nacional. La biblioteca, que recibía al público de lunes a viernes, se vería privada de esas obras preciosas, muchas de las cuales eran utilizadas y requeridas por los lectores, a diferencia del museo, que solo atendía al público un día a la semana160. Aunque los recursos eran siempre limitados, en el museo también se compraban libros: una ley de presupuesto del país aprobó una partida especial (800$000 réis) para la compra de libros en el exterior y en 1843, a pesar de dificultades anteriores, fueron adquiridos cerca de 69 volúmenes de obras clásicas para las diferentes secciones del museo y 105 ejemplares de periódicos161. En 1841, según los informes ministeriales, la Biblioteca Pública habría comprado para su acervo y para el del museo por lo menos «la tercera parte de la interesante obra de Spix y Martius y tomado en subscripción 3 ejemplares para ser distribuidos convenientemente, además 271
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