En el marco de un proyecto más amplio sobre colecciones de libros, comercio y lecturas de ciencias naturales en el Río de Janeiro del XIX, y con el objetivo de retomar la línea de investigación que se ocupa de las bibliotecas científicas, este artículo parte de un supuesto más o menos obvio pero fundamental e inexplorado para este caso: entender la importancia que tiene para la producción de conocimientos científicos la articulación epistémica básica de estas infraestructuras —el museo y su biblioteca—, por un lado; y el museo y el panorama de libros disponibles, sea en bibliotecas particulares o públicas y en el mercado. Museos, bibliotecas y archivos comparten trayectorias conjuntas y presentan aspectos teóricos y metodológicos comunes en cuando a sus procesos de colección, conservación y comunicación. No obstante, en el caso específico de los museos de historia natural del siglo XIX, cuyo fundamento básico era la investigación científica, sin libros clásicos ni publicaciones seriales —que fueron aumentando con el correr del siglo—, sin material fácilmente disponible y organizado para su consulta, se tornaban cada vez más difíciles las operaciones de traducción y transcripción que buscaban convertir a las colecciones de productos naturales característicos del país en nuevos objetos de las ciencias globales. En el caso de Brasil, sin sus archivos y publicaciones existentes y relativamente conservados gracias a la herencia de la burocracia centralizada portuguesa, no sería posible revisitar esas historias. Así, este artículo retoma las referencias dispersas existentes sobre la insistencia y las negociaciones constantes de los directores del Museo Nacional de Río de Janeiro con los órganos de gobierno, en los años iniciales de su constitución, en torno a la importancia de comprar libros para formar colecciones. Reconstruyendo las negociaciones entre comercio y edición de libros en la correspondencia del encargado de la compra de libros en Europa con los recursos de la Comisión Científica, este artículo argumenta que, al articular archivos y bibliotecas —aunque aún no se advierte explícitamente en la literatura—, lo que se priorizó fue organizar una Biblioteca de obras raras, clásicas y fundamentales, especializada en ciencias naturales y cuyo destino era el Museo. Al final se menciona la iniciativa del director del Museo Nacional de Río de Janeiro en las últimas décadas del siglo XIX para crear su propia publicación y así mantener actualizado el Museo y posibilitar, a bajo costo, los intercambios internacionales, fundamentales para la investigación científica. 269
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