(Pearson, 2006), nos interesa señalar su dimensión herramental en los procesos de generación de conocimiento. Así, en tanto ámbito de indagación más cercano al archivo de trabajo o estudio-gabinete, las bibliotecas se constituían en espacios dinámicos donde el objeto-libro, entendido como un artefacto, se insertaba en redes de relaciones entre estudiosos. Allí ese artefacto convivía e interactuaba con una «tecnología de papel» en forma de libretas de notas, cuadernos, libros manuscritos, listas, documentos, catálogos, transcripciones, correspondencia, borradores y otros papeles de trabajo. En ese sentido, estos corpora asociados a las series bibliográficas actuaban como «máquinas de papel» (Krajewski, 2011) formadas por partes móviles, almacenables y descartables, concebidas para cumplir objetivos de indagación específicos. Como intentamos mostrar en este trabajo, esta vinculación entre el mundo material de los libros y el conjunto de manuscritos asociados a ellos constituye la puerta de acceso a los métodos de trabajo de los estudiosos dedicados a la antropología y a la etnografía lingüística en la Argentina de entre siglos. Enmarcadas en esa dialéctica entre las herramientas disponibles y los objetivos planteados, la sistematización fechada de los repertorios de notas de lecturas, los subrayados, la marginalia y las fichas o papeletas permiten reconstruir sus modos de leer y las influencias teóricas recibidas. Esto permite trascender las visiones consolidadas por algunos trabajos sobre historia de la antropología de base lingüística en la Argentina, donde los estudiosos de esa época son concebidos como parte de una etapa liminar, de aficionados sin teorías ni sistema de trabajo alguno definido. Estos indicios en el papel, por el contrario, permiten descubrir las adaptaciones teóricas que tanto Lafone como Mitre realizaron para estudiar los grupos indígenas el pasado. En el caso del primero, se observa la influencia de los manuales de la tradición anticuaria británica que indagaban en los nombres de lugar (place-names) para estudiar la toponimia histórica indígena en la región de Catamarca, o la utilización de conceptos desarrollados por Adolphe Pictet (paleontología lingüística) y Friedrich Max Müller (el método biográfico para el estudio etimológico de los vocablos), influencias que no aparecen referenciadas como citas de autoridad en sus trabajos publicados (Farro, 2014a). En el caso del segundo, la máquina de papel asociada a su Biblioteca Americana, con sus listas registradas en hojas sueltas o prolijamente confeccionadas en libretas o cuadernos, trasciende el mundo del mero coleccionismo bibliófilo. En tanto herramientas heurísticas, las mismas registran sobre el papel no solo 258
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