le comentó por carta del 20 de octubre de 1875 al chileno Diego Barros Arana: Al mismo tiempo y por vía de solaz, estoy reuniendo los manuscritos para un libro nuevo de antropología y etnografía, ensanchando el plan de otro que tenía en bosquejo sobre las lenguas indígenas del Río de la Plata, considerándolas como base de los estudios históricos y geográficos. Su título será El hombre salvaje de la cuenca del Plata. Allí trataré la cuestión de las razas indígenas, determinaré su geografía y sus migraciones, estudiaré sus lenguas bajo diversos puntos de vista conexos con el asunto, ocupándome de otros que creo han de ilustrar la materia, dando un contingente nuevo. Para este trabajo cuento con el auxilio de mi biblioteca glótico-americana, que se compone como de 200 volúmenes sobre las lenguas indígenas de ambas Américas, en que están incluidas las primitivas ediciones de las gramáticas y diccionarios de los misioneros. Además de esto, todo cuanto sobre antropología, etnología y arqueología americana se ha publicado (Mitre, 1877, p. 6). Esta colección, que dentro de la biblioteca general forma la sección de Lenguas Americanas, llegó a contener algo más de seiscientas obras y fue organizada por Mitre con fichas de cartón bibliográficas con los datos topográficos y todos aquellos detalles de edición, formatos y años de publicación. Cuando el libro no permitía realizar anotaciones en las páginas libres del comienzo o del final, cada una de las fichas se acompañaba con cuadernillos o «papeletas», por lo general confeccionadas en papel de España, donde Mitre hacía una síntesis detallada y crítica del contenido de cada obra y su relación con otros libros en su biblioteca. Muchas veces esas fichas eran acompañadas por una suerte de dossier que compilaba correspondencia referida a la misma, recortes de periódicos, juicios críticos de otros autores o recortes de los avisos clasificados de los catálogos de las librerías anticuarias en Europa donde las adquiría. A diferencia de los cuadernillos desarrollados por Lafone —que se referían a cada lengua y compilaban cada uno la información de distintos tipos de fuentes para establecer las posibles relaciones no solo entre las listas léxicas sino entre los mecanismos gramaticales de cada una de ellas a partir de las formas de articulación de las partículas pronominales—, en las fichas de lectura de Mitre la obra a la que refieren no pierde su identidad, pues incluye un resumen detallado del contenido de cada libro individual. En el caso de obras importantes, como las de Alcides d’Orbigny o el Mithridates de Adelung y Vater, Mitre usaba cuadernos especiales de tapa dura, donde extraía en detalle el contenido de cada tomo, con cuadros y 254
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