Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

un importante corpus manuscrito que no llegó a editar en vida, parecen haber pasado desapercibidos. En efecto, a comienzos de la década de 1860, Mitre concibió una obra referida a la historia y conquista del Río de la Plata, cuyos primeros capítulos estarían dedicados a la etnografía lingüística de la región, proyecto en el que trabajó en sus ratos libres hasta su muerte en 1906 y que no llegó a publicar (Mitre, 1864). Con ese objeto empezó a coleccionar y organizar dentro de su biblioteca una sección especial, la Sección 10, compuesta por una serie de libros, transcripciones de documentos de archivo, mapas, catálogos de librerías, folletos, artículos, correspondencia y recortes referidos a las lenguas indígenas del continente americano. Mencionemos aquí que su Biblioteca americana, histórica, geográfica y etnológica llegó a contener unos 45 000 volúmenes, organizados en veintitrés secciones según los países del continente americano, de norte a sur, y las materias de su especialidad. La Biblioteca, además, incluía un monetario, una mapoteca, una sección de prensa argentina y un archivo, con muebles especiales, donde almacenaba los documentos autógrafos que coleccionó y utilizó para escribir sus obras históricas148. Para organizar la sección referida a las lenguas americanas, Mitre parece haber tomado como modelo general, desde el punto de vista conceptual, el Atlas etnográfico del globo, de Adrien Balbi (1826), así como los trabajos geográficos de Malte Brun (1847) y la obra del jesuita Hervás y Panduro, Catálogo de las lenguas (1800). En el borrador con los apuntes y esquemas de una posible introducción a la proyectada obra, se puede apreciar que concebía a la región del Río de la Plata como un territorio «sin historia, solo la geografía y la etnografía pueden aplicársele. Poblaciones sin literatura, sin ciencias, sin artes, sin tradiciones, sin religión, sin movimientos de ningún género, sin estabilidad siquiera, no han dejado ni tienen más monumentos que su lengua y la escrita en el suelo por la nomenclatura de los lugares, ilustra la geografía» (citado en Molina, 1957, p. 357). Para Mitre, en consecuencia, la lengua era «el hilo conductor para determinar y agrupar las diferentes razas y naciones, trayendo su clasificación a un sencillo sistema etnográfico y geográfico ubicándolas en el terreno que ocupaban al tiempo del descubrimiento» (citado en Molina, 1957, p. 357). De la obra de Hervás y Panduro, Mitre parece haber adoptado la clasificación y ordenamiento de las distintas lenguas realizada por el jesuita como base para el ordenamiento bibliográfico de las obras y documentos de esa sección especial de su 252

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx