Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

términos, sus raíces, su probable adscripción lingüística y los nombres de lugar a los que hacían referencia. El caso de la sección «Lenguas Americanas» de la Biblioteca Americana del general Bartolomé Mitre y la tecnología de papel asociada nos presenta otra serie de interrogantes. Miembro, entre otras asociaciones, de la Sociedad de Anticuarios del Norte, en Copenhague, y corresponsal de la Anthropological Society de Londres, Mitre constituye uno de los más acabados representantes en el siglo XIX del erudito coleccionista —como llamaba Vicente Fidel López a Mitre en sus frecuentes polémicas historiográficas o filológicas—. Se trataba de un tipo particular de intelectual que ocupó un papel central no solo en el desarrollo de los estudios americanistas, de marcada hibridez disciplinaria, sino también en la fundación de las historiografías de los nuevos países iberoamericanos, por medio de una febril actividad de búsqueda, valoración, acopio y preservación de su patrimonio documental y bibliográfico, y que en el Río de la Plata tuvo como figuras principales a Saturnino Segurola y a los ya mencionados de Angelis, Gutiérrez, Lamas y Trelles, entre otros (Crespo, 2008). Más aún, Mitre estuvo vinculado a fluidas redes transnacionales de intercambio de libros, información y transcripciones de documentos históricos de distintos archivos, de las que formaban parte bibliófilos chilenos como Diego Barros Arana, Toribio Medina y Gregorio Bechée, entre otros (Arrieta, 1941; Vignati, 1971; Buchbinder, 1996). En el caso de las transcripciones paleográficas de documentos referidos al descubrimiento del Río de la Plata, contó desde 1864 con la colaboración del cónsul argentino en Sevilla, José Gabriel de Tovía, quien se encargaba de la compilación y envío de los documentos que compulsaba en el Archivo de Indias (Molina, 1955, 1957). Estas redes se caracterizaban no solo por la cooperación y el intercambio, sino también por la competencia solapada por la posesión de rarezas bibliográficas o documentales para su propio repositorio. Si bien la producción de la obra historiográfica de Mitre, su actuación política y su condición de bibliófilo y compilador de archivos documentales constituyen los aspectos que han recibido mayor atención (Gandía, 1939; Fariní, 1944; Torre Revello, 1957; Vignati, 1958), su profundo interés por los estudios de antropología, arqueología y etnografía lingüística del continente americano (Márquez Miranda, 1956; Rivet, 1957), a los que dedicó también sus afanes de coleccionista bibliógrafo y 251

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