creciente atención ha sido el de la historia de las prácticas sobre el papel y los procedimientos formales de inscripción o notación —escritura, dibujo, esquemas, sistemas de toma de notas y subrayados— y los métodos y técnicas de representación asociados a ellas (Lenoir, 1998; Daston, 2004). Allí, el sustrato papel es entendido como una herramienta tecnológica en los procesos de producción de conocimiento, que actúa a manera de instrumento: como un dispositivo material que puede ser manipulado de acuerdo con objetivos específicos, sean científicos (Holmes y otros, 2003; Chemla, 2004; Hoffmann & Wittmann, 2013) o administrativos (Gitleman, 2014). Esta tecnología de papel tendría una sintaxis propia, caracterizada por formas visuales particulares, su maniobrabilidad y sus reglas de construcción y combinación que, al ser puesta en uso, puede alterar los objetivos planteados en un principio abrir nuevos problemas e interrogantes en la investigación (Klein, 2003). En otra parte hemos trabajado en detalle sobre esta suerte de dialéctica entre las herramientas y los objetivos de trabajo, a partir de los métodos desarrollados en el papel por Lafone Quevedo en su estudio o gabinete para el estudio de las lenguas indígenas de la Argentina (Farro, 2013). Recordemos aquí que, hacia comienzos de la década de 1890, este estudioso había comenzado a bosquejar un esquema de clasificación basándose en un rasgo gramatical específico que estaba asociado a una forma particular de aglutinación que para él era propia del continente americano, como son las partículas pronominales y sus formas de articulación tanto con los verbos como con los nombres. La recolección de evidencia para fundamentar este esquema clasificatorio implicó un riguroso proceso de extracción, registro y organización de los datos a partir de un corpus de manuscritos y de vocabularios impresos con el objeto de convertirlos en series útiles para el trabajo de comparación de las formas de colocación de las partículas pronominales entre las distintas lenguas y dialectos. Fue en ese proceso recurrente de registro y experimentación con las hojas de papel, en formato maniobrable e intercambiable, por lo general con dos columnas, que Lafone pudo apreciar de manera visual la importancia de las partículas pronominales y sus mecanismos de aglutinación en las lenguas indígenas del Chaco. Así, a partir de esa dialéctica entre las herramientas de papel y los objetivos de investigación, desarrolló todo un nuevo esquema de clasificación de las lenguas indígenas de América del Sur que surgió de la comparación entre ellas facilitada por la plasticidad que el medio técnico diseñado por él le ofrecía 248
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