Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

la biblioteca de lenguas americanas del general Bartolomé Mitre (18201906) y la del filólogo y arqueólogo Samuel Alexander Lafone Quevedo (1835-1920). El primero es una figura conocida y muy transitada en los trabajos historiográficos; el segundo era un empresario minero nacido en Montevideo, residente en la provincia de Catamarca, en el noroeste de la Argentina, y miembro de influyentes familias de comerciantes británicos (Lafone-Ellison) y peninsulares (Alsina-Quevedo) radicadas en el Río de la Plata desde fines del siglo XVIII e inicios del XIX. Enviado por su familia a Inglaterra, entre 1848 y 1857, Samuel estudió en Liverpool y en el Saint John’s College de la Universidad de Cambridge, donde, especializándose en filología, obtuvo el título de bachiller en humanidades —Magister Artium—. En sus años de estudiante allí, se formó en estudios clásicos; así, realizó traducciones de prosa y verso del griego y del latín al inglés, de las obras de Platón, Aristóteles y Cicerón, entre otros, y realizó trabajos referidos a la historia antigua y a la filología clásica. De regreso al Río de la Plata en 1860, se hizo cargo de los negocios familiares ligados a la explotación del cobre, plata y oro en el departamento de Andalgalá, en el oeste catamarqueño. En los ratos de ocio que le dejaba la administración de los negocios, Samuel se dedicaba a la lectura de obras referidas a la historia americana y, a la manera de los anticuarios que había conocido durante sus años de formación en Inglaterra, recolectaba piezas de arqueología, visitaba antiguallas (ruinas), compulsaba información en los archivos provinciales y recorría los valles registrando testimonios y vocabularios de los habitantes locales, con el objeto de estudiar los cambios históricos ocurridos en la toponimia de Catamarca y Tucumán. Luego se dedicó al estudio histórico y comparado de las lenguas indígenas de la Argentina en su relación con las principales lenguas del continente sudamericano. Si bien sus trabajos se centraron en especial en las lenguas de la región del Chaco, sus intereses comparativos y clasificatorios lo llevaron a documentar las lenguas del noroeste, de la pampa, la Patagonia y Cuyo. En su fundo en Catamarca, había comenzado a formar una biblioteca especializada que llegaría a pasar los 5000 volúmenes, con obras adquiridas en las principales librerías de Inglaterra, como las firmas de Henry Young & Sons y, sobre todo, Bernard Quaritch, de la que se convirtió, con el correr del tiempo, en uno de sus principales clientes en la Argentina, al adquirir de sus catálogos numerosas obras de cronistas, 242

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