Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

el laboratorio, el observatorio astronómico y el campo o terreno, pues fueron concebidas como un ámbito o espacio de indagación en el que se desarrollaban no solo la interpretación textual y la escritura, sino también prácticas de observación, organización de la información y producción de datos (Daston & Lünbeck, 2011). De ese modo, comenzó a conectarse el mundo de la historia del libro como objeto estable y acabado —con su tradicional interés por las estrategias del coleccionismo, el mercado internacional, las casas proveedoras, los modelos de organización y los procesos de selección temática de los propietarios— con la dinámica propia de las prácticas eruditas. Estas últimas se materializaron en las marcas que evidencian la lectura, en forma de subrayados, marginalia (Jackson, 2005), fichas, borradores y todo un conjunto de información menos estable, en forma manuscrita. En ocasiones, esa información se usaba para intervenir el objeto-libro, adhiriéndola en el interior de sus cubiertas, inscribiéndola directamente sobre la portadilla, la contraportada o las páginas de cortesía, o era almacenada en archivos y ficheros personales creados al efecto, y luego circulada por redes de correspondencia entre los estudiosos. En este contexto, el libro entendido de manera tradicional como objeto físico acumulado en estantes se transforma en un artefacto que interactúa con, y es intervenido por, otras manifestaciones materiales del texto: no es infrecuente hallar en las bibliotecas libros impresos encuadernados o intervenidos con manuscritos, o manuscritos que contienen componentes impresos insertos (McKitternick, 2013). Son estos aspectos, ligados al orden material del trabajo erudito (Waquet, 2015), los que nos interesa señalar en estas notas preliminares de una investigación en curso que estudia la cultura material de las ciencias antropológicas —manuscritos, libretas, fichas, fotografías, libros y objetos — entre el último tercio del siglo XIX y comienzos del XX en la Argentina. Para ello, se parte del análisis de las contingencias que regulan el proceso de formación y uso de colecciones, considerando la trayectoria seguida por estas a lo largo del tiempo y prestando especial atención al conjunto de prácticas y redes de relaciones en las que, en tanto series de objetos concretos, las mismas se encuentran inmersas (Farro, 2009, 2011, 2012). En las páginas que siguen nos centraremos en algunos de estos aspectos estudiados de manera comparada en dos bibliotecas particulares de la Argentina, que funcionaban en el ámbito doméstico, referidas en mayor medida a la antropología, la arqueología y la etnografía lingüística: 241

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