Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

indígenas de la zona, removieron la vegetación de las estructuras prehispánicas, lo que le permitió hacer borradores del sitio, hacer mapas y tomar fotografías de muchas de las ruinas. Del Paso excavó Cempoala, la ciudad totonaca crucial en la conquista española, así como la Villa Rica de la Vera Cruz, el primer poblado establecido por el conquistador Hernán Cortés. De allí, el historiador pasó a explorar muchos sitios arqueológicos más, incluyendo El Tajín. Los artefactos que reunió, junto con miles de otras piezas del Museo Nacional, fueron enviados por barco a España para la Exposición Histórico-Americana de 1892. Del Paso asistió al evento como presidente de la comisión mexicana y, tomando una licencia por tiempo indefinido como director del Museo, permaneció en Europa para llevar a cabo la misión especial de reunir textos mexicanos. La gran contribución de Del Paso al estudio del pasado de México fue el trabajo que llevó a cabo por más de dos décadas en los archivos de Europa. La idea de rescatar las fuentes de la historia mexicana y ponerlas al alcance de los estudiosos le había surgido años atrás. En 1883 Del Paso propuso su plan al ministro de Justicia e Instrucción Pública, Joaquín Baranda, en una famosa carta abierta publicada en el diario La República. Intitulada «Los Estudios Históricos», la carta deplora el estado del conocimiento y de la enseñanza de la historia mexicana y hace sugerencias para remediar estos problemas. Del Paso indica que «desgraciadamente, no todos los materiales para la historia de México existen en la República. Los archivos y bibliotecas selectas de la Madre patria, verdaderos panteones literarios, encierran lo más precioso que puede interesarnos». El gran historiador entonces se pregunta: «¿cómo conseguir esas preciosidades?». Su solución fue mandar una delegación especial: «Envíese a Madrid un consumado científico, solicite de aquel Gobierno el permiso de reconocer sus archivos, y de extractar [sic] todo lo que nos concierne y que tenga verdadero interés» (Carrera Stampa, 1949, pp. 3-4). La idea de juntar textos mexicanos en archivos extranjeros no era nueva. Intelectuales como Ramírez habían llevado a cabo en el pasado misiones similares planeadas por ellos mismos y pagadas con sus propios fondos. Pero la misión de Del Paso fue diferente: era la primera de ese tipo apoyada y pagada por el gobierno mexicano. Del Paso mantuvo correspondencia directa con la Secretaría de Instrucción Pública, pero su misión permaneció unida al Museo Nacional, la institución que estuvo a cargo de pagarle durante el Porfiriato. 233

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