Una vez instalado en Europa, las bases de operaciones de Del Paso fueron principalmente Madrid y Florencia, pero viajó por todo el continente para consultar archivos y bibliotecas en Inglaterra, Rusia, Alemania, Austria y Francia, y en cualquier otro país donde pudiese haber algún documento sobre México. Del Paso fue una figura dinámica en la comunidad intelectual europea. Participó en varios Congresos de Americanistas y en otras reuniones. Fue «objeto de grandes distinciones: miembro de la Real Academia de la Historia de Madrid, de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, de la Pontificia Academia Romana de Archeología y de la Société des Américanistes de París» (Carrera Stampa, 1949, p. 9). Entre sus muchas actividades, estudió varios códices con el antropólogo francés Jules Ernest-Théodore Hamy, mejor conocido como E. T. Hamy, respetada autoridad sobre el pasado prehispánico y director del Museo Trocadéro (1880-1908). Los dos estudiosos trabajaron juntos bajo los auspicios del duque de Loubat para producir facsímiles de varios códices mexicanos, incluyendo el Códice Borgia, Códice Cospianus, Códice Ríos y Códice Telleriano-Remensis, el último de los cuales fue donado por Loubat al Museo Nacional Mexicano. Pero la tarea principal de Del Paso fue recoger y publicar todos los documentos de Fray Bernardino de Sahagún localizados en Madrid y Florencia. El monje Sahagún condujo su magnífica investigación etnográfica con informantes de la nobleza local en la Nueva España entre 1547 y 1577. El resultado de ese trabajo fue la Historia general de las cosas de la Nueva España, una obra en español y nahuatl que se enfoca en casi todos los aspectos de la cultura nahua, desde la religión hasta la vida cotidiana. La Historia general consiste en más de 2400 páginas escritas en ambos lados y organizadas en doce libros. Es considerada la obra más rica sobre la antigüedad mexicana. Del Paso originalmente había intentado reproducir el texto completo, pero la publicación sufrió varias demoras debido a huelgas de las impresoras, problemas con los permisos de publicación y la escasez de fondos debida al tumulto de la revolución en su tierra natal. Como resultado de esto, solo pudo completar una pequeña parte de su empresa, al publicar en la capital de España tres grandes volúmenes (1905-1907) en los que se incluyeron los que hoy se conocen como Códices Matritenses —la copia completa del Códice Florentino no fue publicada sino hasta 1979—. El «infatigable rastreador de documentos» también recolectó los Papeles de la Nueva España, «una detallada colección de varios textos sobre México colonial» (León Portilla, 234
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