trabajos sobre la arqueología y se enfocaban, sobre todo, en cuatro materias: los códices, los calendarios, las creencias indígenas y las antigüedades del museo. La revista no fue solamente una forma de hacer público el trabajo de estudiosos mexicanos, sino que también era una forma de adquirir materiales adicionales, dado que los Anales eran intercambiados por revistas de otras instituciones. Como lo expresó un profesor del museo, así iban «adquiriendo por medio del cambio todas las publicaciones científicas del mundo»141. No es de sorprender que tanto los Anales como el taller de imprenta florecieran gracias a Del Paso y Troncoso, uno de los grandes estudiosos de México. Nacido en la ciudad de Veracruz el 8 de octubre de 1842, Francisco de Borja del Paso y Troncoso era «descendiente de una vieja familia española» (Galindo y Villa, 1922, p. 307). Su padre se dedicaba al comercio, por lo que Del Paso comenzó sus primeros estudios formales en la rama comercial. Pronto se dio cuenta de que esa carrera no lo satisfacía y, a los 25 años, se trasladó a la capital de la república. Allí ingresó a la recién fundada Escuela Nacional Preparatoria, donde trabajó con el famoso médico, filósofo y político Gabino Barreda. Luego pasó a la Escuela Nacional de Medicina y, al concluir su quinto año, emprendió su tesis profesional: La historia de la medicina en México. Del Paso no llegó a terminar la obra ni a graduarse como doctor. Trabajar en su tesis lo convenció de dejar de lado la medicina y seguir su verdadera vocación, la arqueología y, luego, la antigua historia de México. Del Paso también dio gran importancia a la lingüística, especialmente al estudio del nahuatl, un idioma que practicaba directamente con los indígenas de varios pueblos del altiplano. El reconocido erudito incluso pasó mucho tiempo enseñando el curso de historia patria en la Escuela Normal de profesores de instrucción primaria. Pero el trabajo de Del Paso estaría para siempre asociado con el Museo Nacional, al que llegó como visitador en 1888 y del cual, al año siguiente, fue nombrado director. Durante su larga carrera jugó un papel de primer orden en la edición y análisis de códices: no solo los dio a conocer, sino que también los interpretó y analizó. Aunque fue ante todo un arqueólogo de sillón, Del Paso tuvo experiencia como arqueólogo de campo. En 1891 el gobierno federal le comisionó la tarea de hacer la que hoy se considera la primera excavación patrocinada por el Estado mexicano desde la época colonial en México. Por cuatro meses, Del Paso exploró los monumentos de su nativa Veracruz142. El ejército mexicano lo ayudó. De esta manera, junto con los 232
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx