Peñafiel. Educado como cirujano, Peñafiel se convirtió en el taxidermista del Museo en 1879 y pasó a ser un estadístico del más alto rango. Así, como director general de Estadísticas, llevó a cabo el primer censo de México en 1895. Hacia fines del siglo XIX, Peñafiel donó al museo «una colección de mapas de la historia chichimeca»138. También editó varios textos y códices en nahuatl, y legó a la posteridad una vasta obra que incluye su Colección de documentos para la historia mexicana, un trabajo en seis volúmenes publicados entre 1887 y 1903. Otra figura clave del museo, Alfredo Chavero, editó varios códices denominados Antigüedades Mexicanas (1892) y donó un códice de su colección particular al museo en 1906. El Códice Chavero, como se le conoce, documenta el proceso judicial contra un funcionario por cobro excesivo de tributo en Huexotzingo, en el actual estado de Puebla. A diferencia de la mayoría de los códices, conocemos la fecha exacta de elaboración de este texto: del 11 al 15 de marzo de 1578. Los políticos también constituyeron una fuente importante de códices. En 1892 el anticuario y gobernador de Veracruz, Teodoro Dehesa, donó al Museo Nacional un códice que pertenecía a su colección, hoy conocido como el Códice Dehesa. Este texto del siglo XVII narra el origen mítico y la genealogía de una familia de caciques o líderes de la Mixteca Baja, una zona que incluye la frontera entre los estados de Puebla y Oaxaca. Ese mismo año, Joaquín Baranda, el secretario de Justicia e Instrucción Pública, se cercioró de que otro códice oaxaqueño llegara a la biblioteca. Baranda tomó la iniciativa de trasladar el texto de la antigua Biblioteca Nacional de México al museo y pronto este fue reconocido como el Códice Baranda. Evidentemente, la biblioteca no podía estar consumada sin un códice bautizado con el nombre del dictador Díaz. Elaborado a principios del siglo XVI, el Códice Díaz contiene tablas para la adivinación y relata la historia y conquista de unos pueblos cuicatecas del estado de Oaxaca. Un jefe político oaxaqueño se lo obsequió a su amigo Manuel Martínez Gracida, un historiador que ocupó diversos cargos públicos y tuvo una amistad cercana con Porfirio. Martínez Gracida lo donó a la biblioteca del Museo Nacional en honor al dictador. En algunos casos, ciudadanos mexicanos que encontraban documentos de su patria mientras estaban en el exterior también se sintieron obligados a donarlos a la biblioteca. Así es como la institución adquirió el famoso Códice García Granados. Un opositor al régimen de Díaz, Alberto García Granados, pasó numerosos años durante el Porfiriato viviendo autoexiliado 229
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