Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

Andrade para formar una proyectada Biblioteca Imperial de México. Antes de la caída de su fatídico imperio, Maximiliano le regaló la biblioteca a Fisher. El sacerdote logró embarcar a Francia los libros de Andrade y su inmensa biblioteca personal en doscientas cajas. Una vez en Europa, Fisher organizó varias ventas. La mayor parte de los libros, incluyendo incunables del siglo XVI, fueron adquiridos por agentes del millonario norteamericano Herbert Bancroft. El hecho de que gran cantidad de esos textos y manuscritos salieran del país indignó a muchos mexicanos. «Cuando se quiere estudiar la historia de las civilizaciones indias de esta tierra», se quejó un periodista en El Imparcial, el 6 de abril de 1904, «es necesario ir a buscar documentos, códices, jeroglíficos, piezas de interés primordial en los museos de Europa. En Roma, en Londres, en Berlín, en Madrid mismo, se encuentran originales de multitud de documentos de importancia capital para nuestra historia». La falta de control de los documentos del pasado mexicano pintaba una triste imagen del país. Como comentó el mismo periodista, «De aquí que los mexicanos hayamos adquirido, a los ojos de los extranjeros, una triste reputación de rapaces […], de aquí que se nos tome por un pueblo ignorante, incapaz de interesarse por las cuestiones que se refieren a nuestros orígenes, a nuestros antepasados» (citado en Lombardo de Ruiz, 1994, II, pp. 207, 209). La recolección de esos textos en la biblioteca del museo, por tanto, nació enlazada al sentimiento nacionalista de los mexicanos. Además, el país había sufrido recientemente la dolorosa pérdida de la biblioteca personal de José Fernando Ramírez, una rica colección que contaba con manuscritos de varias órdenes religiosas, incunables y libros antiguos sobre la Nueva España, Filipinas y México. Un ávido bibliófilo, el famoso político e historiador Ramírez tenía pasión por la historia del México prehispánico. Entre sus muchas aportaciones estuvo el descubrimiento de la Crónica de la Conquista en el convento de San Francisco, un códice del siglo XVI que narra la historia de los aztecas y que hoy se encuentra en la BNAH bajo el nombre Códice Ramírez. Como muchos mexicanos, Ramírez entendió la importancia de recuperar fuentes para elaborar la historia nacional mexicana. «Todavía yacen sepultados en los archivos de ambos mundos numerosos monumentos que es necesario consultar», declaró el bibliófilo en 1845. La recuperación de esos documentos fue un asunto de orgullo, notó Ramírez: «Ni siquiera poseemos, como los otros pueblos cultos, una colección regular de fuentes históricas. Por aquí debemos comenzar si es que aspiramos a la gloria de 227

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx