biblioteca, el museo albergó departamentos de Historia, Arqueología e Historia Natural. Cada uno de ellos estaba supervisado por un profesor que actuaba como investigador, curador y docente del departamento. El primer director de la biblioteca fue el célebre anticuario y bibliógrafo José María de Ágreda y Sánchez. Como todos los eruditos del museo, Ágreda y Sánchez fue un miembro productivo de la comunidad intelectual del Porfiriato. Fue bibliotecario de la Catedral de México y miembro fundador de la Academia Nacional de la Historia. En 1891 participó en la comisión encargada de recopilar y preparar libros y artefactos que iban a remitirse a España para la sección mexicana en la Exposición HistóricoAmericana de 1892, la celebración que marcó los cuatrocientos años del «descubrimiento» del Nuevo Mundo. Ágreda y Sánchez también fue parte de la junta organizadora que recogió materiales para el Congreso Internacional de Americanistas que tuvo lugar en México en 1895. Como muchos intelectuales del país, era un firme creyente en la importancia de recopilar libros acerca de la historia mexicana. Varias anécdotas ilustran su afán por rescatar y acumular textos. En la segunda mitad del siglo XIX, por ejemplo, Ágreda y Sánchez se encontró con una anciana que planeaba quemar varios volúmenes empastados en pergamino para calentar su casa. El bibliógrafo intercambió su fina capa por los libros. Según el autor Fernando Benítez, con una simple ojeada Ágreda y Sánchez «supo que se trataba de la primera edición de Torquemada» (Benítez, 1988, p. 99). En el lapso de medio siglo, Ágreda y Sánchez reunió una impresionante biblioteca personal de 6000 volúmenes, compuesta sobre todo por impresos editados en la Nueva España. En 1904 dejó el Museo para hacerse subdirector de la Biblioteca Nacional. Cuando murió doce años más tarde, desafortunadamente, su sobrino vendió su biblioteca personal y parte de los libros terminaron en colecciones y bibliotecas de los Estados Unidos. Además de la inauguración de la biblioteca hubo otro cambio cualitativo en el museo. Al comienzo del periodo, la institución se enfocaba principalmente en las ciencias naturales; ese enfoque empezó a cambiar pero en la década de 1880. Mientras avanzaba el Porfiriato, el museo se volvió más especializado en las diferentes ramas de la antropología y especialmente en la arqueología. Los profesores comenzaron a canalizar más fondos y energía hacia estas disciplinas. En 1895 crearon el departamento de antropología y etnografía, y en 1909 eliminaron la sección de historia natural al transferirla a otra ubicación en la capital. Así, 223
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