se han publicado, de los escritos y papeles de los archivos públicos y de las colecciones formadas por algunos particulares eruditos y curiosos que saben apreciar esta clase de materiales (Larráinzar, 1970, p. 163). El sueño de Larráinzar de unificar las «historias parciales» se realizó durante el Porfiriato con México a través de los siglos (1887-1889). Aunque durante el transcurso del siglo XIX varios intelectuales y líderes mexicanos escribieron historias nacionales y también creían que la historia jugaba un papel importante en fomentar el patriotismo, el primer trabajo de síntesis histórica nacional fue aquella obra132. Financiada por el gobierno federal, esta serie de cinco volúmenes tomó los diferentes periodos históricos de la nación y los fusionó en una historia única133. México a través de los siglos fue escrito por múltiples autores y fue supervisado por el celebrado estadista, general e intelectual Vicente Riva Palacio. Lujosamente decorado con mapas e imágenes de paisajes, monumentos y figuras históricas, comenzó con un volumen sobre la antigüedad mexicana escrito por el historiador y arqueólogo Alfredo Chavero, y de allí pasó a examinar los periodos colonial, de la independencia y de la modernidad. México a través de los siglos le dio a la nación mexicana la continuidad de una existencia que se extendía desde los tiempos precolombinos. Las élites del Porfiriato se dieron cuenta de la importancia de crear una historia nacional comprehensiva para «la consolidación de la nación y como prueba de estabilidad y de civilización» (Tenorio-Trillo, 1999, p. 68). Durante los años de Díaz, la escritura de esa historia, junto con la búsqueda y el rescate de documentos, adquirieron un gran impulso. Como bien explicó Del Paso y Troncoso, cada texto, documento y manuscrito era necesario para «favorecer los estudios históricos de la nación mexicana, digna por mil títulos de ser colocada en el puesto que justamente le corresponde si se atiende a los clarísimos antecedentes de su glorioso pasado» (González Phillips, 1987, p. 158). La carrera para crear y consolidar textos históricos estaba en marcha y la Biblioteca del Museo Nacional, la futura BNAH, cosecharía los frutos de esa empresa. El desarrollo de la Biblioteca fue también parte de una ola más amplia, de un frenesí por coleccionar objetos que surgió durante el Porfiriato. El régimen de Díaz buscó la acumulación de todo tipo de vestigios para mostrarlos en instituciones del Estado, especialmente objetos que eran percibidos como patrimonio nacional. El gobierno reunió desde obras de arte a estadísticas y, como indica Shelly Garrigan, ese periodo histórico vivió un «esfuerzo simultáneo y concertado en el cual instituciones 221
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