Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

y patas de camas o se enterraron en las paredes de las celdas. Con el tiempo, la represión se hizo extrema. Entonces, los presos volvieron a leer obras tradicionales de la literatura universal, tomadas prestadas de la biblioteca central de la prisión. De esta manera, los presos políticos se internaron en un proceso de reflexión y autoconocimiento y se encontraron con el placer estético de la lectura, a la vez que se alejaban de la lectura instrumental de obras marxistas. *** Los ensayos incluidos en este volumen, como el lector puede apreciar en los resúmenes precedentes, exploran el rol de las bibliotecas públicas y privadas en relación con la formación de los Estados-nación en América Latina y la circulación y adopción de modelos bibliotecarios extranjeros. Al mismo tiempo, examinan la función de las bibliotecas como repositorios de capital simbólico y autoridad institucional. Al igual que otras instituciones, las bibliotecas contribuyeron a procesos de acumulación y difusión del conocimiento y, en este sentido, desempeñaron un rol crucial en la formación de los Estados-nación en el hemisferio. La fundación de bibliotecas nacionales representó una instancia fundamental en la construcción del orden republicano y en los esfuerzos —muchas veces fallidos— por formar ciudadanos ilustrados y virtuosos. Sin embargo, las bibliotecas representan un tipo de acumulación de conocimiento —fundamentalmente occidental— que acompañó la imposición o reforzamiento de jerarquías sociales, raciales y culturales. Como elementos centrales de la cultura de la ilustración, a partir de finales del siglo XVIII y sobre todo comienzos del XIX, las bibliotecas estaban en principio concebidas para instruir a todos los ciudadanos, pero se enfrentaron con enormes obstáculos para cumplir ese rol, puesto que amplios sectores de la población —iletrados, campesinos, trabajadores y otros grupos subalternos— no tenían acceso a ellas. La historia de las bibliotecas también nos permite abordar la importante problemática de la democratización de la lectura y del acceso a los bienes culturales. Como puede apreciarse en el ensayo de Alzugarat, aún entre los grupos armados de los años setenta hubo militantes muy versados en filosofía, política, sociología e historia que enseñaban a otros militantes semianalfabetos. Unos y otros descubrieron dentro de la prisión su pasión por la lectura, lo que es indicativo del fracaso del aparato educativo estatal ya muy entrado el siglo XX. 22

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