Las bibliotecas privadas y no estatales también forman parte de esta historia. Valiosísimas y muchas veces masivas colecciones privadas de libros y documentos —pertenecientes a miembros de las élites sociales y culturales o a académicos e intelectuales— constituían fuentes de conocimiento, pero también de prestigio y estatus y, por tanto, ayudaban a perpetuar nociones preexistentes sobre el valor superior de los libros y la cultura impresa en relación con productos culturales orales, tradicionales o no occidentales. Bibliotecas conectadas a instituciones científicas, educativas y culturales —universidades y museos, por ejemplo— se convirtieron en repositorios fundamentales para la circulación, adopción y producción de conocimiento, si bien lo hicieron dentro de las limitaciones económicas, sociales e institucionales propias de la época. Por otro lado, desde comienzos del siglo XX se empezaron a formar bibliotecas más modestas en tamaño y con un carácter y una significación distintos, pues apuntaban a la democratización de la cultura y los libros. Es el caso de las bibliotecas de sindicatos, clubes de barrio, iglesias, partidos políticos y otros tipos de organizaciones de la sociedad civil. Grupos subalternos y activistas vieron en las bibliotecas fuentes de ilustración y educación que podrían ayudarlos a superar los estigmas y exclusiones que experimentaban en la vida cotidiana. Finalmente, diversos proyectos políticos que buscaban transformar el statu quo y empoderar o al menos movilizar a amplios sectores de las clases populares —dos ejemplos saltantes son el peronismo en Argentina y la Revolución cubana— recurrieron también a la promoción de la lectura y a la creación o consolidación de bibliotecas que, en su diseño, permitirían el acceso de amplios sectores a la cultura. Al lado de masivos proyectos editoriales y educativos, estos regímenes imaginaron la proliferación de bibliotecas como un mecanismo de democratización de la cultura, pero también como una forma de ensanchar los vínculos de clientelismo con los sectores populares. En suma, este volumen intenta echar nuevas luces sobre la historia comparativa de las bibliotecas en América Latina y, en particular, sobre su rol en los conflictos sociales y culturales, la formación de los Estadosnación, los procesos de cambio político e institucional, la producción de conocimiento en la región y la acumulación de capital cultural y simbólico. Este conjunto de ensayos intenta contribuir a la historia de las bibliotecas y, a la vez, abrir líneas de conversación con otras profesiones y saberes 23
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