Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

igualitaria del peronismo. Martínez Zuviría pudo resistir diversos intentos del gobierno de hacer que la Biblioteca se alineara con la nueva doctrina y la revolución justicialistas, al punto de negarse a contribuir con proyectos o actividades para el Plan Quinquenal. Tal vez por eso, el gobierno peronista invirtió mayores fondos para apoyar las adquisiciones de las bibliotecas populares, con la idea de que el libro llegara a las masas. Pero también en este terreno la autora detecta una cierta continuidad. Entre 1944 y 1949, dirigió la Comisión de Bibliotecas Populares (CONABIP) un poeta católico, Carlos Obligado, quien continuó el proyecto original de Sarmiento de educar al pueblo ciudadano en completa libertad, sin censuras ni presiones. De hecho, CONABIP, ahora receptora de cuantiosos recursos para la compra de libros, pudo mantener la autonomía de las bibliotecas populares en la selección del material de lectura. Su sucesor, un escritor peronista que provenía del mundo obrero, Horacio Velázquez, curiosamente mantuvo la misma política de adquisiciones. En sus charlas citaba con mayor frecuencia a Sarmiento que a Eva o Juan Perón. Fiorucci sostiene que, en materia de acumulación libresca, el peronismo no intentó o no pudo utilizar a las bibliotecas como instrumentos de propaganda de su doctrina. En cierto sentido, la Biblioteca Nacional y las bibliotecas populares fueron bastiones o fortalezas del liberalismo cuyas torres Perón no pudo derribar. En su ensayo, Ricardo Salvatore revisa los cambios que trajo la Revolución cubana al sistema bibliotecario y las prácticas de lectura en la isla. Fidel Castro prometió que la Revolución haría que cada campesino y obrero tuviese una biblioteca en su casa. En realidad, ocurrió lo contrario: luego de la Revolución se produjo una importante concentración de colecciones —antes privadas— en la Biblioteca Nacional de Cuba. Se constituyó un sistema de bibliotecas que incluía bibliotecas escolares y municipales, pero bajo el rígido control del comisariado cultural de la Revolución. El nuevo régimen produjo un cambio de gran trascendencia en materia de escolarización. La campaña de alfabetización de 1961 elevó rápidamente el número de lectores en la isla y así creó un público que demandaría libros en el futuro. La Biblioteca Nacional de Cuba se transformó en una gran biblioteca por sus colecciones aumentadas, su nueva Sala Martí de autores cubanos y su dedicación a hacer llegar el libro al pueblo trabajador y campesino. Su directora, María Teresa Freyre de Andrade, hizo mucho para transformarla en una institución moderna al servicio de la construcción del socialismo. Pero los funcionarios castristas 20

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