siempre «vínculo emocional muy estrecho, muy profundo»121. La relación —muy extendida en el tiempo— de la familia Llosa con la ciudad de Arequipa seguramente influyó en esa decisión, así como también la afición casi fetichista que Vargas Llosa tiene por las casas, bibliotecas y pertenencias de sus escritores favoritos, desde Flaubert hasta Faulkner: el escritor peruano seguramente aspira a que su biblioteca, y la casa-museo que también se ha levantado en Arequipa, se conviertan en lugares de peregrinaje para sus lectores del futuro122. La decisión de Vargas Llosa revela también cómo, aun en tiempos de acelerada globalización, intelectuales como Vargas Llosa —por lo demás, tan hostil al nacionalismo y sus manifestaciones— necesitan un anclaje emocional, afectivo e incluso físico con su país y su lugar de nacimiento. El traslado de libros se está haciendo por partes y se completará luego de la muerte del escritor. Un primer lote de 2714 volúmenes fue entregado en 2014 y en 2015, 2016 y 2017 se hicieron entregas parciales hasta totalizar, por ahora, unos 20 000 volúmenes entre libros y revistas123. Algunos materiales que ya se encuentran físicamente en Arequipa, sin embargo, permanecerán inaccesibles al público hasta después de la muerte del escritor (Larrea, 2014). Se trata de libros que contienen anotaciones y comentarios del propio Vargas Llosa y que el novelista prefiere mantener por ahora fuera del alcance de los lectores. Este es, precisamente, uno de los mayores atractivos de la biblioteca. Esos apuntes del novelista ayudarán a reconstruir su desarrollo intelectual y permitirán descubrir afinidades, fobias, obsesiones y cambios en su modo de pensar. Sin duda la biblioteca de Vargas Llosa potenciará la oferta bibliográfica y cultural de Arequipa y servirá sobre todo a quienes se interesen por la literatura en general y la obra del propio Vargas Llosa en particular. LOS LIBROS TAMBIÉN SE HACEN HUMO El último caso que voy a resumir es quizás el menos típico. Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) fue un escritor de la llamada Generación del 50, que escribió cuentos, novelas, obras de teatro, ensayos de crítica literaria y varios tipos de escritura breve y personal, desde diarios hasta lo que él llamó «prosas apátridas», especie de viñetas que servían para reflexionar sobre distintos aspectos de la vida cotidiana, el trabajo intelectual, la amistad, la familia y otros temas (Ribeyro, 1975). Ribeyro fue también un hombre discreto, tímido, bohemio, con una cierta tendencia a la 199
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