vuelca «sus afectos, sus experiencias» y establece con ella una relación «entrañable»119. Su biblioteca no es la de un coleccionista o bibliófilo compulsivo, como lo era, por ejemplo, Pablo Neruda120, pero sí valora enormemente ciertas ediciones o ejemplares raros, especialmente de sus autores más admirados. Entre las piezas más preciadas de la biblioteca de Vargas Llosa están primeras ediciones de Madame Bovary de Gustave Flaubert y Los miserables de Victor Hugo, dos de sus novelas y autores favoritos y a los que les ha dedicado sendos ensayos (Marchamalo, 2011, p. 148). También se sabe de su inclinación por coleccionar los tomos de la Biblioteca La Pléiade, de la editorial francesa Gallimard. Más allá de esto, la de Vargas Llosa es más la biblioteca de un trabajador intelectual que la de un coleccionista, aunque también es sabido que no se desprende de ningún libro por muy mediocre o irrelevante que le parezca. La mayoría de los libros están relacionados con su trabajo como novelista y crítico literario, así como con sus variados intereses intelectuales y políticos. De todas las bibliotecas de intelectuales peruanos que he glosado, la suya es probablemente la más diversa y global. Figura 1. Una sección de la biblioteca de Mario Vargas Llosa en su domicilio en Barranco, setiembre 2012. Fotografía del autor. En marzo de 2012, al cumplir los 76 años de edad, Vargas Llosa anunció que donaría su biblioteca completa a la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa de Arequipa, su ciudad natal, y con la que, declaró, ha tenido 198
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