Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

Basadre, Sánchez, Núñez, Cornejo Polar, Vargas Llosa, Pease, Durand Flórez y Macera, entre otros91. Y existe otro grupo de intelectuales que no tuvieron grandes fortunas ni llegaron a formar grandes colecciones, aunque eso no revela un desapego por los libros ni significa que sus respectivas bibliotecas no hayan tenido una importancia central en su trabajo como intelectuales. Es el caso, por ejemplo, de Mariátegui, Arguedas o Ribeyro. ¿Cuáles eran las dimensiones de estas bibliotecas? Se puede, un poco arbitrariamente, considerar un primer grupo de bibliotecas de gran tamaño (digamos, por encima de los 20 000 volúmenes), entre las que estarían las de Denegri Luna (cerca de 50 000 volúmenes), Vargas Llosa (35 000), Macera (35 000), Sánchez (20 000) y Porras Barrenechea (20 000)92. Algo más modestas en número son las bibliotecas de Riva Agüero, Cornejo Polar, Benvenutto Murrieta, Basadre, Durand Flórez, Pease y otros, que tuvieron entre 5000 y 15 000 volúmenes. Y finalmente hay otras cuyo número no es muy alto (menos de 5000 volúmenes) y cuyas dimensiones reflejan tanto la personalidad como las peripecias vitales de sus propietarios. Fue el caso de las bibliotecas de Mariátegui, Arguedas, Alegría, Ribeyro, Flores Galindo y Westphalen. Existe, naturalmente, una correlación entre capacidad económica y tamaño de la biblioteca —se necesita mucho dinero no solo para comprar libros sino para almacenarnos, cuidarlos y en ocasiones trasladarlos—, pero también se puede establecer, como veremos más adelante, una conexión entre el tamaño de la biblioteca y sus contenidos y usos, así como la relación personal de los propietarios con sus libros. Mientras Riva Agüero, Denegri Luna o Sánchez, por citar algunos casos, tenían una relación casi fetichista y omnímoda con los libros, otros como Arguedas, Ribeyro y Mariátegui, aunque valoraban inmensamente los libros, no tuvieron la misma inclinación, motivación u oportunidad de coleccionarlos y por tanto no llegaron a formar una cuantiosa biblioteca. ¿Se trata de colecciones generalistas o especializadas? ¿Fueron producto de un afán coleccionista o se les puede considerar básicamente bibliotecas de trabajo? La regla general es que estamos frente a colecciones nacidas de las necesidades del trabajo intelectual de los propietarios. Destacan los casos de coleccionistas de materiales sobre el Perú y que llegaron a formar importantes bibliotecas especializadas al interior de las cuales se puede apreciar las temáticas que eran de particular interés para sus propietarios: crónicas y otros materiales coloniales (Riva Agüero y Porras), periódicos y folletos republicanos (Denegri y Basadre), estudios y fuentes de historia 184

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