En el primer ensayo de la tercera sección, «Bibliotecas, museos y prácticas científicas y culturales», Christina Bueno narra la rápida transformación de la Biblioteca del Museo de México —más tarde el Museo Nacional de Antropología— durante el Porfiriato. Francisco del Paso, uno de sus directores, juega en esta historia un rol crucial. Este intelectual y coleccionista pasó veinte años de su vida en repositorios europeos copiando fuentes sobre la antigüedad indígena y el periodo colonial. Esto hizo que, con el tiempo, la Biblioteca del Museo de México se transformara en una de las más ricas del mundo, en posesión de una valiosa colección de códices mesoamericanos y otros libros y documentos raros. Un nuevo Estado centralizado, promotor del orden y el progreso y con suficientes recursos, dio apoyo a este proceso de acumulación de textos y objetos que en el futuro servirían para escribir la historia patria. Se buscaba reducir los «muchos Méxicos» a una única nación, México, orgullosa de mostrar al mundo una continuidad desde el periodo precolombino. El Estado porfirista apoyó este proceso de invención de la nación, tanto en el museo como en la escritura de la historia. Por esa época, el Museo y su biblioteca promovieron un desarrollo sin precedentes de la arqueología y la antropología y permitieron revertir en cierta medida la «diáspora bibliográfica» generada por siglos de saqueo al patrimonio cultural de México. Poscolonialistas antes de su tiempo, los constructores del Museo de México se dieron cuenta de que para contar la larga historia de la nación mexicana se necesitaba escarbar en bibliotecas y museos europeos. Máximo Farro, en su estudio de las bibliotecas privadas de dos intelectuales argentinos del siglo XIX —Bartolomé Mitre y Samuel Lafone Quevedo—, señala la existencia de bibliotecas paralelas hechas de papeles de investigación, a saber: una serie de cuadernillos, fichas, transcripciones, correspondencia, listados, resúmenes de obras, etc. Estas colecciones de papeles de trabajo reflejan el uso de las bibliotecas privadas como espacios de producción de conocimientos. Farro muestra cómo Bartolomé Mitre usó su colección de libros y documentos sobre lenguas americanas para imaginar un tratado sobre los indígenas del Río de la Plata y otro sobre los indígenas de Sudamérica. A partir de múltiples obras de su colección, Mitre extrajo y sistematizó conocimientos utilizando fichas y resúmenes. Paralelamente, Lafone Quevedo utilizó su valiosa colección de etnografía andina para separar vocablos de lenguas indígenas y tabularlos en listados de dos columnas. De allí pudo extraer proposiciones generales 18
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