incidir en la consolidación de una élite científica independiente de la política (Sabor Riera, 1974). La urgencia por construir instituciones de estas características se comprendía así en un marco en el que esa independencia no podía ser garantizada ni por el mercado editorial o de bienes culturales ni por la prensa periódica: el primero por su falta de densidad y su carácter incipiente y la segunda porque tampoco ofrecía autonomía en relación con la política, sino que participaba de manera estructural del carácter faccioso de esta. En estas condiciones el papel del Estado, a través de la Biblioteca Pública, era fundamental, ya que era el único agente capaz de generar los marcos de autonomía en que debía desenvolverse la práctica de las letras. La gestión al frente de la biblioteca se insertaba así en una serie de esfuerzos de más largo plazo tendientes a separar las trayectorias de los letrados y de las élites políticas y resolver las tensiones entre estas y el espacio sociopolítico en su conjunto. Quebrar este vínculo, que provenía de los tiempos coloniales, constituyó una preocupación de Quesada que, en alguna medida, derivaba de su propio fracaso en el intento de convertirse en un líder político de envergadura. Esa experiencia lo había llevado a optar por la práctica de las letras y la diplomacia. Su gestión en la biblioteca se enmarca en estas iniciativas, que habían comenzado a través de la dirección de revistas culturales como la Revista del Paraná y continuarían en la década de 1880 con la Nueva Revista de Buenos Aires. Su proyecto estaba orientado entonces a resolver dimensiones centrales de las prácticas culturales de las élites. En este sentido, también el problema de la circulación de los libros —que preocupaba a Sarmiento como a muchos de sus contemporáneos— permanece en un muy segundo plano en sus reflexiones y proyectos. CONCLUSIONES Quesada abandonó su actividad pública en la Argentina en 1883 e inició una larga carrera diplomática. En sus Memorias diplomáticas, recordando sus empresas culturales, manifestó en repetidas oportunidades sus quejas por la falta de compromiso de los gobernantes (Quesada, 1908, p. 381). Refiriéndose a la Revista de Buenos Aires, la publicación periódica que había dirigido en la década de 1860, destacó el esfuerzo que había conllevado su sostenimiento y señaló que, a pesar de no ser una 173
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