Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

publicación onerosa, no había logrado un número suficiente de suscriptores para poder sobrevivir. También recordó su época como embajador en Brasil y la falta de iniciativa de Mitre para revitalizar al Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, y resaltó la diferencia con aquel país, cuyo emperador estaba activamente comprometido con su Instituto Histórico y Geográfico. Pero en sus intentos Quesada tropezó no solamente con la indiferencia de los gobiernos, sino también con la oposición de figuras públicas como Sarmiento, que defendían un modelo de desarrollo de bibliotecas opuesto al que propiciaba. La actividad diplomática lo fue alejando de su papel de constructor de instituciones culturales en el ámbito público. Él mismo fue un gran bibliófilo y su biblioteca particular, cuya formación había iniciado preocupado sobre todo por la adquisición de textos jurídicos, pasó luego a manos de su hijo, también un destacado jurista y académico. Su idea era que la biblioteca que ambos habían construido a lo largo de casi setenta años, y que contaba con cerca de 70 000 volúmenes poco antes de su muerte en 1913, pasase a ser parte de un instituto en el ámbito de la Universidad de Buenos Aires. Así lo dejó establecido en su testamento (Quesada, 1915, pp. 31-34). Sin embargo, la demora de las autoridades universitarias en gestionar la cesión provocó que su hijo Ernesto la cediese al Estado prusiano a cambio de una pensión vitalicia. Con ella y otros dos legados se conformó luego la biblioteca del Instituto Iberoamericano de Berlín. La debilidad del aparato público cultural, en el que se comprende también el lento desarrollo del sistema de bibliotecas públicas, fue, en gran medida, una derivación del derrotero del sistema institucional, administrativo y burocrático de la Argentina. A la vez, el desenvolvimiento de este sistema estaba condicionado por la inestabilidad política producto de las guerras civiles y los enfrentamientos facciosos propios de la política rioplatense. Esta debilidad provocó que las formas de sociabilidad de los letrados dependiesen durante un periodo muy prolongado de circuitos privados e informales en los que se combinaban redes de intercambio y circuitos de comercialización de libros y documentos muy restringidos. La tendencia hacia la construcción de grandes bibliotecas privadas era un fenómeno cuyos orígenes databan de los últimos años de la colonia pero, indudablemente, se fortaleció ante las dificultades para constituir instituciones públicas de envergadura que 174

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