decididamente la práctica del préstamo bibliotecario a domicilio. Subrayó así cómo desde el boletín que editaba dicha asociación se cuestionó el reglamento «restrictivo e inquisitorial» de la Biblioteca Pública de la provincia. Debe tenerse presente que la prohibición del préstamo a domicilio era consistente, por otra parte, con la idea, arraigada ya en tiempos de fundación de la biblioteca, de que su función no residía solo en estimular el aprendizaje y el estudio sino también en asegurar la conservación de los libros. Las disposiciones defendidas por Quesada, en este sentido, recuperaban dimensiones de las primeras normativas de la biblioteca. Alejandro Parada (2002, p. 247) ha destacado cómo el reglamento que sancionó en 1872 señalaba taxativamente que no podría salir de la biblioteca libro alguno bajo ningún pretexto ni motivo y que la misma conducta debía observarse en relación con los manuscritos; los miembros del gobierno debían ser los principales observadores de dichas disposiciones. Según Planas (2011), los responsables de la biblioteca en la década de 1870 seguían orientados por las ideas bibliotecológicas de la Ilustración que dominaban entre los hombres de la Revolución y cuyo principal objetivo no radicaba en la difusión del conocimiento sino en el uso académico de los libros. El pensamiento de Quesada se inscribía entonces en esta tradición en la que la preocupación principal no era el número de lectores sino fundamentalmente garantizar que el uso de los fondos bibliográficos estuviese orientado a estudios serios e investigaciones científicas. Como ha señalado Planas, las autoridades de la Biblioteca Pública fueron cuestionadas por llevar a cabo una inadecuada política bibliotecaria. Precisamente, el énfasis en la circulación de los libros, por contraposición a su uso restringido, era lo que generaba los cuestionamientos (Planas, 2011). La propuesta de Quesada debe comprenderse en el contexto de una serie de esfuerzos por conformar un espacio específico para la práctica de las disciplinas humanísticas que superase la dependencia del patrimonio y las colecciones privadas. Pero también deben insertarse en una serie de intentos, ya reseñados aquí, por conformar espacios para las actividades culturales y que signaban su trayectoria desde varias décadas atrás. La biblioteca de la provincia era concebida, así, como el lugar que permitiría a los estudiosos independizarse de los conflictos de la vida política. Podría señalarse, entonces, que su propuesta bibliotecológica tenía como propósito central 172
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