Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

conservación de libros, manuscritos y mapas destinados solo al uso de los estudiosos. Las colecciones científicas no podían ser diseminadas a través del préstamo como aquellas que se conformaban para la difusión y lectura popular. Las estadísticas de las que disponía reafirmaban su idea y le permitían advertir que quienes acudían a la biblioteca lo hacían con el objetivo de perfeccionar sus estudios y progresar en los conocimientos, no con fines de esparcimiento. Eran esos mismos criterios los que presidieron la incorporación de nuevos volúmenes en la etapa en que se desempeñó como director. Así, el aumento principal correspondía a libros de ciencias, derecho, historia y literatura. La gestión de Quesada, que con diversas interrupciones se prolongó hasta 1879, impulsó cambios sustantivos en el estado de la biblioteca. Uno de ellos estuvo vinculado efectivamente con el aumento sustantivo del número de volúmenes. Según Groussac, el inventario realizado en 1871, al iniciarse la dirección de Quesada, constataba la existencia de 18 176 volúmenes. Al finalizar esta, se habían incorporado 9176 ejemplares, al margen de los periódicos que constituían los principales materiales de consulta (Groussac, 1967). En la Memoria del año 1877 que presentaron los empleados de la institución Nicolás Massa y Ernesto Quesada —hijo de Vicente— se adjuntaban otros datos significativos que permiten advertir las transformaciones experimentadas durante estos años. Uno de ellos era el aumento significativo del número de lectores, que llegaba casi a treinta por día laboral. No se trataba de todos modos de un número elevado teniendo en cuenta la población de la ciudad, que superaba por entonces los 180 000 habitantes. El número se incrementaría, se señalaba en la Memoria, con la ampliación de la sala de lectura, una de las principales acciones que había impulsado Quesada. Con esta ampliación, el número de sitios para los lectores pasaría de 20 a 56. La nueva sala tendría 15,43 metros de largo, 7,22 de ancho y 12 de altura para los estantes (Massa & Quesada, 1877, p. 71). Pero el proyecto de ampliación de la biblioteca se demoró por problemas presupuestarios de la provincia de Buenos Aires y la nueva sala de lectura se inauguró recién a principios de la década de 1880. En este sentido, probablemente la dificultad principal de los proyectos de Quesada residía en cómo comprometer a quienes tenían responsabilidades institucionales en una empresa cultural de esas características. En sus memorias, criticó con insistencia la indiferencia de los gobernantes en relación con este tipo de iniciativas. Además, ellas también encontraron detractores de peso. La 170

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