Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

acusaba justamente de ser excesivamente facciosa y huérfana de ideas y proyectos de transformación institucional. Quesada estableció un vínculo estrecho con el entonces gobernador de la provincia de Corrientes, Juan Pujol. Cuando este fue nombrado ministro del Interior de la Confederación Argentina con sede en Paraná, designó a Quesada en un alto cargo en su ministerio. Quesada aprovechó esa posición para impulsar la creación de un instituto histórico de la Confederación Argentina que debía reunir no solo material histórico sino también geográfico y estadístico. El propósito central residía, nuevamente, en organizar un ámbito de sociabilidad para los estudiosos en el ámbito estatal. Se trataba de impulsar sobre todo los estudios en esa disciplina y configurar un archivo con documentación proveniente de distintas provincias. La caída de la confederación terminó con su proyecto, pero Quesada no se dio por vencido. Así, en 1863, ya radicado en Buenos Aires, fundó con propósitos similares, junto con Miguel Navarro Viola, la Revista de Buenos Aires, a la que concibió en principio como una publicación especialmente dedicada a los estudios históricos (Buchbinder, 2012, pp. 79-98). Quesada también esperaba que la revista cumpliese la función de articular esfuerzos de escritores, letrados y aficionados a la historia de diferentes lugares de Sudamérica. De esta forma, sus intentos por conformar ámbitos de sociabilidad pública se comprenden en un contexto en el que estos llevaban una existencia extremadamente precaria. Fueron estas circunstancias las que provocaron que la labor de los letrados se desenvolviese, como ya hemos descrito, en base a esta extensa y tupida red de relaciones particulares en la que circulaban libros e incluso documentos originales. Las relaciones personales y las afinidades políticas seguían cumpliendo aquí un papel fundamental. En este marco, signado por el intento de superar la debilidad de las instituciones públicas, deben comprenderse los esfuerzos de Vicente Quesada al frente de la Biblioteca Pública de la Provincia de Buenos Aires durante gran parte de la década de 1870. Sus antecedentes al frente de las revistas de Paraná y Buenos Aires hicieron posible que en 1871 fuese designado director de aquella. Abandonaría el puesto en 1879 para asumir como ministro en el gabinete provincial, pero desde su nuevo cargo siguió ocupándose de la biblioteca. Justamente en 1879 elevó un ambicioso proyecto de reorganización que abarcaba diferentes facetas de su estructura. Es probable que el proyecto fuese resultado de varios años de trabajo, de sus ideas sobre las relaciones entre el ejercicio de las letras y la 167

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