Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

Otro ámbito central que permitía el acceso a los libros en el Buenos Aires de mediados del siglo XIX estaba conformado por la ya mencionada red de librerías. Como señalamos, había una estrecha relación entre el coleccionismo, el comercio y la impresión de los libros, tal como puede advertirse en el caso de la figura del impresor Carlos Casavalle (Piccirilli, 1942). En 1834 había seis librerías y cuatro imprentas en la ciudad. Cuando Rosas cayó, se abrió una etapa de rápido crecimiento y multiplicación de este tipo de establecimientos. Hacia 1855 las librerías ya sumaban once (Sabor Riera, 1974, p. 75)85. Por otra parte, su faceta comercial constituía solo una dimensión de funciones más amplias y complejas, como había sucedido en el caso de la antigua librería de Marcos Sastre. El aumento del número de librerías desde principios de la década de 1850 debe comprenderse, al mismo tiempo, en el contexto del movimiento asociacionista propio del Buenos Aires de aquellos tiempos. Como ha señalado Pilar González Bernaldo (2010, pp. 253-254), esos años presenciaron el crecimiento de una gran ola asociacionista que se expresó no solo a partir del aumento del número de asociaciones sino también de la intensidad de los encuentros. De esta manera, cobraron vitalidad las entidades culturales ubicadas en el centro de la ciudad. El circuito de sociabilidad cultural incluía a los clubes sociales como el del Progreso, a la universidad, a organismos como el Ateneo del Plata o el Liceo Literario — que, como afirma González Bernaldo, estaban destinados a ocupar el lugar de las inexistentes instituciones científicas del Estado— y también a las librerías. Estos eran espacios fundamentales de encuentro y sociabilidad para todos aquellos preocupados por la producción cultural, literaria e histórica. La de Casavalle era uno de los lugares centrales de tertulia y encuentro de los hombres de letras. Mitre, Quesada y Navarro Viola eran habitués del lugar. Casavalle había sido en la década de 1850 editor de la Revista del Paraná, un intento efímero impulsado por Vicente Quesada de construir una publicación periódica cultural en el extremadamente turbulento y conflictivo espacio de la Confederación Argentina. Su colección de manuscritos originales, que superaba las 4700 piezas, era conocida y consultada habitualmente por los interesados en la reconstrucción de la historia argentina (Buchbinder, 1995). VICENTE QUESADA Y LA BIBLIOTECA PÚBLICA 165

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