relación con la búsqueda y adquisición de volúmenes. La reputación de las bibliotecas privadas de cada uno de estos personajes se unía estrechamente a su prestigio como hombres de letras. Las referencias a las búsquedas y a la relación con archivos y bibliotecas públicas son escasas, pero probablemente también mucho más episódicas en Mitre que en Barros Arana y Vicuña Mackenna. En general, las fuentes de información para las tareas literarias e históricas encaradas por Mitre, y en alguna medida menor por las otras figuras mencionadas, remitían al examen de catálogos de bibliotecas particulares o de librerías comerciales. Estas prácticas encontraban antecedentes en la primera mitad del siglo, pero fueron reforzadas probablemente por la ausencia de un sistema sólido y extendido de bibliotecas y archivos públicos. En la correspondencia circula información sobre hallazgos de ejemplares raros, sobre existencias en librerías de distintas ciudades y también sobre precios de libros. Además, se anuncian canjes frecuentes y aparece el complejo desafío conjunto vinculado con la construcción de bibliotecas americanas. La principal riqueza de estas bibliotecas privadas estaba relacionada, así, con los diversos materiales —libros, documentos, folletos, periódicos— referidos a la geografía y sobre todo a la historia americana. Tanto las bibliotecas privadas como luego las públicas diferenciaban claramente su sección de libros americanos. La conformación de bibliotecas americanas, entonces, constituía una empresa en la que estaban involucrados letrados, literatos e historiadores de distintos países de Sudamérica. Era una aspiración de Mitre, pero también de Andrés Lamas, de Diego Barros Arana, de Benjamín Vicuña Mackenna y de los hermanos Amunátegui. Las búsquedas en librerías que llevaban a cabo durante sus viajes a Europa y la indagación en distintos catálogos estaban dirigidas sobre todo a la búsqueda de materiales sobre América Latina. Además, se definían a sí mismos como americanistas. La construcción de colecciones de libros americanos era considerada uno de los modos en que los «ingenios hispanoamericanos» podían auxiliarse recíprocamente y, por otra parte, era fundamental para que se fortaleciese el sentimiento de la patria común (Amunátegui, 1912, XXI, pp. 123-124). Finalmente, debe destacarse que el cónsul argentino en Valparaíso, Gregorio Beéche, intermediario entre chilenos y argentinos, cumplió un papel particular en la configuración de esta red entre los historiadores y en la circulación de los materiales «americanos» (Arrieta, 1941). 163
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